DIARIO

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Wednesday, December 19, 2012

RELACION DE LOS CABOS DE BAJA CALIFORNIA SUR (Uno de tres partes)


RELACIÓN DE LOS CABOS.
“Iré al gran reino de California,
la península más bella sobre la faz de la tierra”.

Fray Eugenio Kino, 1681.

 
1. Ubicación. Orígenes de los Gigantes. Los 250 años de San José del Cabo.
Los antiguos Pericués: cosmovisión. Donde cantan de amor las ballenas.

El Océano Pacífico hacia el Sur y al Este. Hacia el Oeste el Golfo de California o Mar de Cortés, Mar Bermejo o Mar Lauretano, como se le cita en las crónicas del descubrimiento. Hacia el Norte, las misiones, los desiertos de sal y arena, los viñedos dorados y olivares de plata, todo encaminado por rocas pulidas, angulosas, negras y azules, brotando como esculturas adentrándose en el mar. Los Cabos (con una superficie de 3451.51 km. cuadrados) es un microcosmo de los atractivos de la Península de Baja California, y marca donde las tierras terminan en ser tragadas por los mares, donde legendarios piratas sorprendían los galeones del reino de España y la Nao de China, esquivando las ballenas que en estas aguas celebran sus bodas monumentales en lechos de espumas. Se extienden Los Cabos desde el paralelo 23 hacia el Sur de los meridianos 109 y 115 longitud Oeste del Meridiano de Greenwich. Hasta aquí he llegado. Dos motivos me guiaron: escribir un folletín para el Fondo Nacional de Fomento de Turismo, y visitar a familiares de mi rama paterna que nunca he visto. El viaje desde la Ciudad de México sólo hace escala en Puerto Vallarta, luego de cruzar el Golfo de California aterriza en el aeropuerto de San José del Cabo, donde me esperaba una habitación en el Castel Cabo, que nunca ocupé.
   Fui recibido como en mi hogar. Mis mayores inmediatos son don Valentín Verdugo Fiol, que nació en Cabo Este, en el año de 1892; siempre en su profesión (los números) fue un fiel servidor de la administración pública: durante casi toda su vida ocupó el cargo de tesorero del Gobierno Territorial de Baja California Sur, gozando de la confianza del pueblo y las otras autoridades; el primo-hermano de mi padre se devolvió a la distancia el 4 de Octubre de 1966. Su legado incluye un archivo documental y bibliográfico que he podio consultar. También fue fundamental la biblioteca personal de doña Emilia Verdugo Galván, con quien mi abuelo nunca dejó de escribirse. Ella nació en Miraflores, el corazón de la Península, el 10 de noviembre de 1888. A los 14 años de edad comenzó a trabajar como maestra rural, desempeñándose en las escuelas de Caduaño, Santa Rosa, La Ribera, Santiago, El Ranchito y Miraflores, en algunas de las cuales fue maestra fundadora. En el tiempo de la Revolución, a pesar de que el pueblo fue tomado y se decretó zona de guerra, ella no dejó de impartir sus clases: además de las primeras letras, daba clases de manualidades y enseñaba a cultivar un huerto familiar. Se devolvió a la distancia el 28 de enero de 1974. He conocido a don Rodrigo Verdugo Cota, que fue a visitar a mi padre en Chile cuando yo era niño: don Rodrigo Verdugo nació en Cabo San Lucas el 2 de septiembre de 1909, y se le considera uno de los forjadores de Los Cabos. Conoce por experiencia la historia de la región, aportándome los datos que hacen la columna vertebral de este escrito, y presentándome a sus amigos siempre dispuestos a enriquecer la información que busqué. Don Rodrigo, un hombre fuerte y vital, es maestro de ciencias naturales, y tiene la virtud de curar mordeduras de víboras de cascabel, que suelen dejarse aparecer desde estas profundidades ocultas. Trabaja el cuero y las pieles como una entretención pero sus sillas de montar son de un maestro artesano de primera. Sin embargo, no es esto lo que le enorgullece, sino haber dado una profesión a sus cuatro hijos; Juan José y Alberto, son médicos; Yolanda es maestra y Luisa es bióloga marina, son los Verdugo, mis guías en búsquedas emprendidas en el Archivo Histórico del Gobierno del Estado de Baja California Sur, por las gentes y calles de Los Cabos. Dice el maestro Rodrigo: “En abril de este año 1980, en Los Cabos se celebraron los 250 años desde la fundación de la misión de San José del Cabo: en este tiempo Los Cabos fue testigo de sistemas coloniales, luchas de independencia e invasiones, la última a mediados del siglo XIX debido a la política de expansión de USA. Hoy los poblados ofrecen una cálida atmósfera en sus calles alumbradas por faroles de petróleo, atractiva artesanía en alhajas elaboradas con perlas y coral negro, recursos de la región, hay exposiciones ganaderas y es uno de los destinos turísticos más hermosos de México".
   La maestra Yolanda, que dicta clases de historia en escuelas de Los Cabos, nos dice: “Formada hace unos diez millones de años por los temblores de la Falla de San Andrés, la Baja California Sur es única por su formación geológica; en sus suelos, por ser de origen eruptivo, predominan los roqueríos de piedra volcánica y granítica; sin embargo, existen zonas agrícolas y palmares importantes, como las del Estero de las Palmas de San José del Cabo, con su rica vegetación y especies variadas de aves que lo hacen un santuario natural, que se puede visitar en pequeñas embarcaciones de remos o pedales. Hay una gran diversidad de lugares interesantes para ver. La región fue habitada primitivamente por la tribu de los Pericués, de quienes se han encontrado pinturas rupestres en la región de Santiago y en el Cabo Pulmo. De los Pericués sabemos muy poco pues casi no existen antecedentes fidedignos de su sociedad; algunos investigadores sostienen que se adentraron en la península desde el norte una vez que fueron vencidos sus antepasados y obligados a huir hacia el sur: al acabarse el territorio fueron prisioneros de la tierra que los había salvado. Otros sostienen que llegaron por mar procedentes de las islas Polinesias y Melanesias: apoya esta hipótesis el hecho de que muchos jeroglíficos y pinturas rupestres localizadas en Los Cabos, cuya antigüedad no ha sido establecida, tienen semejanza con otras descubiertas en las islas Salomón y Fiji. De lo más interesante que ofrece la Península está la historia de las misiones. Digamos que quien lea la Historia de la Antigua o Baja California de Clavijero, admitirá que estos misioneros pioneros, jesuitas, franciscanos y dominicos, merecen el título de héroes de la fe. Desgraciadamente su obra fue en gran parte estéril: de los veinte mil indígenas que moraban en la península antes de su conquista, solo quedaban a fines del siglo XVIII unos siete mil, entre Cucapás, Cochimís, Guaycuras, Pai-Pai, Kiliwas y Pericués, que fueron los pobladores más antiguos detectados en Los Cabos. Ellos son los autores de las pinturas rupestres, en muros de roca o piedras, algunas gigantescas, que son únicas en el mundo y ellos utilizaban como herramienta para enseñar o indicar su conocimiento: la caza de los animales grandes, la pesca de la ballena, el arribo de las tortugas y los caminos”.
   He conversado con el historiador maestro Juan Pedrín Castillo (autor, entre otras obras, de la “Monografía de San José del Cabo”), quien nos dice: “La estructura social de los primitivos habitantes Pericués era de familias de tipo polígamo, a diferencia de las otras culturas prehispánicas que había en California, que eran monogámicas. Se encontraban organizados en grupos de doscientos a trescientos individuos, agrupados por medio de lazos de parentesco entre un número reducido de familias. Las actividades productivas de los Pericués la han determinado los especialistas de acuerdo a la alimentación y medios de supervivencia establecidos con el periodo arqueológico denominado “Cultura de las Palmas”, donde se asocian los restos y los entierros cuando se rescatan piezas propias para la cacería, la pesca, la recolección y extracción de moluscos, y se estudian asociándolos con utensilios encontrados, bateas semejantes a platos grandes, tazas parecidas a sombreros de copa, huesos trabajados y redes que utilizaban para pescar y cargar leña, labor que realizaban las mujeres al igual que la recolección de alimentos menores, frutas y semillas; los hombres generalmente se dedicaban a la cacería y al cultivo de pieles. Ellos vivían entre el Cabo San Lucas y el puerto de La Paz, y también habitaban las islas de Cerralvo, Espíritu Santo y San José”.
Aunque se cree que carecían de una estructura religiosa definida, los antiguos pobladores de Los Cabos tenían una cosmología que se ha preservado por tradición oral. He sido presentado a uno de los fundadores de Cabo San Lucas, el vecino cronista don Leonardo Gastelum Villalobos, que nació el 22 de diciembre de 1916; él nos cuenta que “conocí a la última familia de Pericués, eran dos mujeres ancianas y un hombre poco menor que ellas, pescadores y al final artesanos en abulones y caracoles marinos, que vendían trabajados muy bellamente. Eran personas amables y habían aprendido algo nuestra lengua. Los Pericués mencionaban a un Gran Señor que habitaba en el cielo, la tierra y el mar al mismo tiempo. Gozaba de poder para cuanto quería y tenía por mujer a Anajicojondi, quien le había dado tres hijos sin usar de ella porque carecía de cuerpo; uno de estos llamado Cuajaip, había sido verdadero hombre y vivió en la tierra mucho tiempo para enseñar a los humanos. Fue poderoso y tuvo mucha gente bajo su mando, ya que cuando quería entraba debajo de la tierra y sacaba hombres del Reino Interior; pero un día sus gentes se le rebelaron y lo mataron poniendo en su cabeza un ruedo de espinas. Los Pericués suponían que el cielo se hallaba más poblado que la tierra; que existió en otra época una espantosa guerra provocada por un personaje llamado Tuparác o Bac, que traicionó junto con todos los suyos al supremo Niparajá, quien finalmente había quedado vencedor, por lo que después de haberle quitado a Tuparán todas las pitahayas y otros frutos deliciosos que tenía, lo arroyó del cielo con todos sus cómplices, lo recluyó en una cueva próxima al mar y creó las ballenas para que lo custodiasen y jamás lo volvieran a dejar salir. Niparajá era enemigo de la guerra y Tuparán partidario de ella, por lo que aquellos que morían flechados no iban al cielo, sino a la cueva de Tuparán. Esta creencia había dividido la sociedad de los antiguos pobladores de Los Cabos en dos grupos: los que creían en Niparajá, que eran graves, circunspectos y dóciles de razón; y los partidarios de Tuparán, que eran embusteros, inquietos y obstinados de sus errores”.
   Nos dice el maestro Leonardo que en la Península, en un siglo y medio los religiosos hispánicos acabaron con la antigua creencia y diseminaron la nueva creencia: “los Jesuitas, los Franciscanos y Dominicos establecieron cada Misión californiana venciendo no pocos obstáculos, constituyéndose en una epopeya de misioneros de convento que debieron convertirse en hombres de acción, donde no hay más espacio que para la fuerza física; debieron dejar sus rezos y desempeñar funciones de sembrador, maestro, pescador, marino, arquitecto, explorador, cartógrafo... tareas que en Los Cabos tomaron dimensiones enormes, pues, además debieron enfrentarse a la dificultad de hacer comprender a los descendientes de los Pericués otros conceptos morales, como el de la necesidad de tener una sola mujer, algo que nunca aceptaron y manifestaron en las más cruentas rebeliones que conoció la Península: existían a la llegada de los españoles poco menos de cinco mil indígenas descendientes de los Pericués, cien años después quedaban sólo 250 de ellos; el último Pericué murió en 1979. Antes de la llegada de misioneros y soldados europeos, los grupos indígenas vivían en rancherías semi estables, trasladándose libremente durante las estaciones del año, en busca de mejores sitios y de sustento. Vivían de la caza, pesca y recolección de alimentos silvestres. Entre los cambios que introdujeron los recién llegados estaba en primer plano la sedentarización. Esta implicaba la obligación de ocuparse de empresas económicas como la agricultura y la cría de ganado, tareas completamente ajenas a sus culturas. Al exterminio directo, estos cambios socioculturales introducidos alteraron la vida de los naturales, a lo que se unió la gran cantidad de enfermedades que trajeron consigo los invasores, contra las cuales sus organismos no tenían defensas, y que finalmente acabaron con la población original de Los Cabos”.
   Le pregunto si existe alguna información respecto de la lengua que hablaban los Pericués, y dice él: “Se sabe muy poco; su dialecto era distinto al de los otros grupos que habitaban en la parte norte de la Península. Las pinturas rupestres que se han encontrado en varios puntos, en paredes y piedras, cuya antigüedad no ha sido establecida, son estructuras artísticas que preservan en sus signos un sistema de escritura, que no necesita ser descifrada porque virtualmente leemos lo que representan. Así ellos enseñaban como conseguir su alimento de la tierra, el agua y el mar; dejaban pintadas sus ubicaciones y los caminos para llegar que entiende quien lee, porque estas pinturas rupestres son una escritura, única, monumental. Lo que conocemos como escritura tradicional se ha conservado por tradición oral; ellos por ejemplo nombraban “Añuitli” a San José del Cabo, y “Yenecami” a Cabo San Lucas. De sus rasgos físicos, correspondían a individuos de complexión recta, robusta, con brazos y piernas largas bien proporcionadas, que les permitía ser excelentes nadadores, pescadores y cazadores; los hombres y mujeres eran altos con un promedio de dos metros como mínimo hasta cuatro metros y medio de estatura, de acuerdo a la tradición, que supuestamente tiene como prueba restos óseos. Las enormes dimensiones de sus pinturas, en todo caso, son obra de un pueblo más bien alto”.
   Conversamos también acerca de estos originales pobladores primitivos, con otro de los fundadores, el investigador don Jesús Castro Agundez (que ha sido senador de la República por el Estado y es autor, entre otras obras notables, del “Resumen Histórico de Baja California Sur”). Él nos dijo: “Los hombres Pericués iban desnudos, usaban el pelo largo hacia atrás, adornado con perlas negras y plumas blancas, de tal manera que semejaban, vistos de lejos, como si trajeran peluca; algunos usaban bigotes y barba, desarrollándosela en forma rala. La vestimenta de las mujeres consistía en tres piezas, que estaban hechas con hilos entretejidos que sacaban de la Palma golpeándola y machacándola hasta dejarla suave. De las tres piezas, dos formaban una saya, de manera que una de ellas, la mayor, la ponían por detrás, cubriéndoles los dos lados al voltearla un poco para adelante y llegar a las rodillas o un poco más abajo. La pieza restante le cubría sus hombros hasta la cintura, como una especie de rebozo o manta. Dichas prendas estaban engasadas de hilos o cordeles trenzados, unidas las tiras unas con otras por el extremo, como flecos o deshilados que colgaban a lo largo de toda la pieza en forma muy tupida y espesa. Ellas usaban el cabello largo y suelto; en la cabeza llevaban unas redes tejidas muy finamente; en el cuello se ponían adornos hechos de figuras de nácar, caracolas de mar y perlas blancas y negras, que eran abundantes, y usaban en gargantillas y collares, cuyos remates llegaban hasta su cintura”.
   Plantea el maestro Castro Agundez que entre los Pericués los gobernantes estaban divididos en incipientes niveles jerárquicos de líderes de guerra, chamanes, hombres, adultos, mujeres, ancianos y niños: “Los líderes podían ser mujeres u hombres, los cuales tenían a su servicio a un grupo de individuos; además precedían las reuniones y fiestas. Los chamanes hacían la función de curanderos y realizaban los ritos funerarios, contaban con cierto prestigio y eran obedecidos por los otros miembros del grupo. Su exterminio fue total. Los primeros religiosos en la zona fueron los Jesuitas Eusebio Kino y Matías Goñi, que fueron designados a Baja California para acompañar al Gobernador de Sinaloa para realizar la fundación de las misiones, el 1º de abril de 1683, cuando toman posesión formal de la Bahía de la Paz, e inician la exploración para el establecimiento de la primera misión; eligieron el 5 de octubre un primer sitio en los extremos del arroyo de San Bruno. Con esta fundación se difunde el establecimiento de las misiones de la California, para lo cual se tenía que explorar y localizar un sitio conveniente que contara con agua y estuviese cerca de una ranchería o poblado; algunas de estas rancherías se transformaron en lo que se llamó “Visitas de la misión”. En su organización estas misiones se caracterizaban en que las autoridades eran nombradas por el misionero de entre los mismos habitantes del lugar; por cada población mayor eran tres autoridades: un gobernador, un capitán y un fiscal; en las comunidades más pobladas existía un “temastián” que enseñaba religión. Se tenía por costumbre que por las mañanas sus habitantes se dirigían a trabajar; los hombres se encaminaban al campo a arar y cultivar la tierra, o bien al mar a pescar, o se dedicaban a la construcción del templo o de sus casas. Las mujeres se dedicaban a hilar lana y algodón y a fabricar vestimentas. La primera misión en Los Cabos se estableció el 8 de abril de 1730, en San José, y su tarea no fue fácil ya que se enfrentaron a un clima inhóspito y naufragios en que perdieron sus abastecimientos y debieron enfrentarse a los Pericués. El primer enfrentamiento grave fue el 1º de octubre de 1734. Hacia 1748 la población de Pericués quedó reducida a sólo una sexta parte; de acuerdo a los datos de Ignacio del Río (en “Conquista y Aculturación en la California Jesuítica”) en 1763 existía en las misiones de Los Cabos de Santiago y San José un total de 261 Pericués. Hoy no existen. Ya se habían extinguido otras culturas en la Baja California Sur; el padre Kino estuvo aquí entre 1687 y 1711 y rescató un diccionario del nabe, guayacura y cochimi, todos ellos dialectos de grupos indígenas olvidados. El padre Kino, que llegó como cartógrafo y superior de la misión, había aprendido en la Universidad de Ingolstadt que la Baja California era una península, cuando en los primeros mapas de la Nueva España se la situaba como una isla. En 1703, publicó su mapa “Vía terrestre hacia la Baja California”, y corrigió de una vez el error de los cartógrafos anteriores. Al fraile “a lomo de mula” se debe este argumento, que fue una de las pruebas esgrimidas para probar la posesión histórica de Baja California cuando intentaron invadirla los norteamericanos, y aún antes cuando se la tomaron los realistas en nombre del rey de España”.
   He conversado con el maestro Felipe Ojeda Castro, autor del libro “La Revolución en Baja California Sur”, quien nos dice que “las luchas de Independencia de México escasamente alcanzan el territorio de California. Entre 1810 y 1822 sólo se siente en la Península como causa, la suspensión de pago de sueldos a la tropa, motivo que genera miseria y escasez en la región. Hasta 1822 las autoridades españolas en la Península rechazaron la Independencia de México, que sólo fue declarada el 7 de marzo de ese año en el poblado de Loreto, y jurada el 18 de marzo en San José del Cabo. Expulsados los españoles, en 1845 el gobierno norteamericano de James K. Polk declara la guerra a México: su objetivo principal era la conquista de las Californias. Debido a que en la península carecíamos de armas para defendernos, simplemente izaron la bandera norteamericana en Baja California el 28 de julio de 1847. Entre los pobladores, entonces, se dispuso la defensa haciéndoles la guerra a los invasores, y se determinó el reclutamiento y organización de un ejército con escasos elementos materiales y humanos. Tuvieron enfrentamientos heroicos pero, a pesar de que los mexicanos lucharon con osadía y coraje, no lograron el triunfo que anhelaban, hasta que llegó la noticia a la Baja California con dos meses de atraso de que el 2 de febrero de 1848 se había firmado el Tratado de Guadalupe Hidalgo, en el cual se estableció que México cedía Texas, perdiendo la franja territorial de Tamaulipas, situada entre los ríos Nueces y Bravo, asimismo los territorios de Nuevo México y de la Alta California. Desde entonces los norteamericanos han sentido especial curiosidad por la península, donde hoy conforman el mayor número de turistas que la visitan todo el año. La lejanía del centro ha alejado a la península de los hechos históricos del acontecer nacional; la época de la Revolución que se inicia a raíz de la inestabilidad política se inicia cuando los Maderistas declaran nulas las elecciones y hacen un llamado al pueblo mexicano para que se levante en armas el 20 de noviembre de 1910. Sin embargo, en San José del Cabo se inicia el movimiento revolucionario sólo después del 22 de febrero de 1913, cuando es asesinado Francisco Madero siendo Presidente. Con la Revolución, a partir de la Constitución de 1917, se instalan nuevas formas de organización, para la integración política, económica, social, cultural y administrativa de México. Para entonces, siguiendo el sistema definido después de la invasión norteamericana, que establecía en la Península la división en dos sectores: Baja California Norte y Baja California Sur, dentro de sus nuevas facultades los ayuntamientos pudieron legislar y regular sus presupuestos y recursos con el fin de apoyarse en sus necesidades. Actualmente el Estado de Baja California Sur está dividido en cuatro municipios: Mulegé, Comondú, La Paz y Los Cabos. Si me preguntas cuál es nuestra mayor entrada de recursos, o si me preguntas dónde reside nuestra mayor riqueza, mi respuesta es la misma: el turismo. Lo que podemos ofrecer a un visitante no existe en otro lugar del planeta”.
   Caminar por Los Cabos es como andar sobre el lomo de un animal vivo. En la Plaza Principal dominan los trabajos de remodelación de la actual Catedral de San José, que fue destruida por un ciclón en 1918. Converso con doña María Jesús González viuda de Maldonado, que nació en San José del Cabo y ha vivido siempre acá: “Desde que tengo uso de razón la Iglesia está en construcción. No ha hecho falta terminada ni ha sido imprescindible la falta de cura en largas épocas; igual nos reunimos para alabar a Dios aquí, en el sitio que una vez quedó vacío después que el viento arrancó las cosas de la tierra. Yo suelo venir el día domingo, pero nosotros no somos gentes de iglesia, aquí somos gente de trabajo de campo, de mar, donde uno se comunica directamente con Dios. Mi difunto esposo, que trabajó en la construcción de la carretera que unió La Paz con San José, que era un hombre de trabajo de sol a sol, decía que esta costumbre nuestra de ser gentes “de poca iglesia” nos viene desde la época de las misiones, cuando los curas que llegaban tenían que trabajar con el azadón, la pala o la red de mar, porque había poco tiempo para el rezo. Yo también soy de las que creo que no basta con rezar. Por eso, lo común es que desde que tenemos uso de razón hemos visto la catedral a medio terminar. Yo no alcancé a conocer la anterior, pero decían mis padres que también estaba a medio terminar cuando se la llevó el ciclón. Mi abuelo, de nombre José María González Cota, nos contaba que fue testigo de las injusticias que cometieron en la zona los gringos. El conoció a Salomón Pico, que fue un heroico hombre que defendía a nuestros compatriotas y que adquirió fama de bandido porque solía llevar en el pescuezo de su caballo un collar con orejas de gringos. También conoció a Joaquín Murieta. Mi abuelo siendo joven se incorporó a las filas maderistas durante la Revolución, a las órdenes del general Maclovio Herrera en Nuevo León; nos contaba que fue compañero de Ambrosio Cosio, que en una ocasión en combate se auto hirió al explotar la culata de su carabina 30-30, suceso del que deriva el dicho de “la carabina de Ambrosio”. Mi padre también creía más en las prioridades de las cosas de la tierra antes que las del cielo; el tenía compadres y ahijados en todos los ranchos de la región”.
   Alrededor de la plaza arbolada, junto a la iglesia se ven algunas casas de aire colonial que componen una atmósfera acogedora; en todo el centro se encuentran negocios de ropa y artesanías, galerías de arte y restaurantes. En el recorrido por esta hermosa e histórica ciudad de San José del Cabo se puede visitar la Casa de la Cultura, el Palacio Municipal, el Jardín del Arte y, desde luego la zona comercial con sus tiendas y bazares. El coral negro y las perlas cultivadas son lo más buscado por los turistas. Por las noches se impone un clima de pueblo tranquilo y de cena con velas. Cuenta también con playas muy bellas, como Costa Azul, Santa María y Punta Palmilla, ideales para deportes competitivos como el wind surf, y otros que se ven practicando todo el año en sus playas, a un kilómetro del centro, amplias y surcadas por suaves cerros. Los amaneceres son de una calma maravillosa. En las mañanas, cuando el sol empieza a asomar desde el mar, bandadas de pelícanos vuelan en formación hacia el norte. Cuando el sol se pone detrás de los cerros, regresan ordenadamente en dirección contraria. San José del Cabo invita a permanecer y a detenerse simplemente a contemplar las bondades de la naturaleza.
   He estado un mes en casa de mis parientes de uno y otro punto de Los Cabos. Es una dificultad extrema enumerar siquiera lo que vi. Cuánto hay que ver, cuánto hay que paladear, cuántos caminos con su propio sentido, abiertos a la belleza, a la meditación, a la libertad; la naturaleza nos enfrenta a nosotros mismos, vuelca a nuestro interior la estética propia de cada lugar que visitamos. He vivido más que nada en Cabo San Lucas, el más sureño de toda Baja: sus gentes son quienes inventaron el licor de "Damiana", una planta de lo más olorosa que existe.
   Vecina del lugar es doña Lupita Pintado de Alvarado, que tiene siempre tortillas humeantes, huevos frescos y exquisito atole de tamarindo con nueces, que usa leche de vaca verdadera, famosa en Los Cabos porque salió en un popular comercial gringo, que sabe de los alimentos “light” y los alimentos “down”, porque siempre llegaron muchos gringos a Baja y de tanto hablar se aprende, “porque las cosas se cultivan cuando deben cultivarse y no se puede cosechar sin haber sembrado”. Así es que, decidido en relacionarme más al sitio y no anotar aquí sólo lo que puede ver alguien de paso, buscando una perspectiva local es que hablo de ella, como visitante de su comedor, pulcro e iluminado, en lo alto de su casa construida modestamente pero muy sólida, justo donde acaba la tierra antes de “las aguas buenas para la ballena azul”, al extremo Sur de esta Ciudad de Cabo San Lucas. De doña Lupita uno aprende cosas que sólo se saben en la zona, usos y costumbres de las gentes del lugar, que su cocina es como ninguna y lo mismo puede enviarla a domicilio que para eso la lleva en un instante su esposo: "Con mi Robert nos conocimos el 14 de abril de 1924, y nunca más nos separamos". Juntos atienden su comedor, levantado con sacrificios que dejaron atrás tiempos malos. Una numerosa colonia de lobos marinos tiene su hogar justo frente donde han ubicado el comedor para turistas con vista a los mares. Ellos son vecinos distinguidos, su vida entera ha sido una entrega al servicio de la comunidad a la que han apoyado formando parte de todos los comités que se han organizado para mejoras de la comunidad de Cabo San Lucas (Pro-Agua Potable, Pro-Luz eléctrica, Pro-Oficina de correos, Pro-Ambulancia del Centro de Salud...) Cuenta que luego de establecerse con su esposo, Roberto Alvarado, cuando habían logrado levantar su hogar, el mar arrasó con su casa en 1941: “Pero el Robert me salió bueno. La construyó más fuerte y sólida desde sus cimientos, y no deja pasar las aguas bravas. Este comedor lo formamos de a poco, desde que mi Robert se hizo carbonero cuando no pudo trabajar más de ballenero, cuando vino la prohibición de su pesca, pero vemos pasar barcos especialmente japoneses y lo mismo las matan, rapidito las suben y siguen navegando. Nosotros ahora sabemos la necesidad que hay de preservar la ballena, mi Robert paso de ser su pescador a lo que es ahora: su mayor defensor. Como yo misma lo soy”.
   Ella está preocupada por la gran cantidad de ballenas que ahora último pierden su “radar de orientación” y mueren a la orilla del mar. Doña Lupita sabe mucho de las ballenas, estas enormes masas que veo en el mar, algunas de casi treinta toneladas o más, color azul o gris oscuro en la parte dorsal y blanco en la abdominal. Se asoman entre las olas, imponentes. Los machos brincan hasta tres metros de altura para que las hembras observen su virilidad, su fuerza. Y las atraen con su canto. Así comienza el cortejo y después sucede el apareamiento, que ocurre de diciembre a marzo de cada año. La acción de alimentarse queda a un lado. “Lo importante es el amor”, dice doña Lupita. Con ayuda de ellos he observado más de cuarenta ballenas, que ella reconoce cada una por sus características; son sus viejas conocidas: “Por algo una ha sido toda la vida mujer de hombre que fue marino, mi Robert dice que él salió del vientre de una ballena, y puede ser porque nunca le conocí familia. El me enseñó todo lo que sé de las ballenas, y una misma aprende a puro “look”. A ver, mi Robert, enséñele algo al joven, dígale de ballenas..."
   El hombre maduro, muy amable, sonríe divertido a su mujer, y nos cuenta: “Cada ballena tiene una cola diferente, su aleta dorsal es como su huella digital. Las manchas en una, lo alargado de la otra, la forma de amplio abanico de aquélla, son los sellos particulares de cada cuál. Por estas señas se sabe si son los mismos ejemplares que arribaron el año pasado o si se trata de otras que llegan por primera vez. La hembra es más grande que el macho, que es muy activo. La hembra mide unos 16 metros de largo, y los machos tienen un metro menos. Viven de 60 a 70 años, y comienzan a “encariñarse” cuando las hembras cuentan con ocho años y 12 metros de largo, y los machos alcanzan unos 10 años y 11 metros de largo. Cuando quiere la cosa, el macho emite su canto para enfatizar su presencia, delimitar su zona y retar. Otros machos responden a este llamado y se acercan. Así comienza la carrera por demostrar quién es más hábil. De pronto salen disparados cinco o seis machos: nadan muy pegados, aleta con aleta, en la misma dirección. En esta prueba, en que también se permiten empelloncitos, no gana el más grande sino el más ágil, el que mejor se desplaza en el agua.”
   “¿Quieres saber cuál es el premio? -dice doña Lupita- El premio es el apareamiento con tres hembras. El macho que llegue en segundo lugar, podrá copular con dos; el que arribe después, con una. La hembra permanece receptiva al apareamiento aproximadamente por 72 horas, por lo que necesita “jugar a la cosa” con varios machos. Puede copular con el macho que llegó en lugar privilegiado en la carrera, y después con otros, hasta agotarse de amor. Pero, cuéntales mi Robert de dónde vienen las ballenas, dile...”
   El hombre, muy bien dispuesto, sigue: “Provienen de las frías aguas del Pacífico norte, del mar de Bering, en Alaska, y de las Islas Farallón, cercanas a San Francisco, arriban estos grupos de ballenas, famosas, entre otros aspectos, por su canto. Viajan aproximadamente 2 mil 500 kilómetros para llegar a México, a esta agua con temperatura de 24 grados centígrados, que eligen para flirtear, aparearse y aumentar su población. El viaje desde los fríos mares del norte no sólo lo realizan los adultos en edad reproductora; también lo llevan a cabo las ballenas jóvenes, que no están todavía en edad de reproducción. Forman grupos, juegan y también coquetean entre ellas, pero por imitación. Recién nacidas, las crías miden unos cuatro metros y pesan más de tres toneladas. Se alimentan de leche durante los primeros meses de vida aquí en Los Cabos, en sesiones de dos horas, chupan por unos segundos y salen a la superficie a respirar. Cuando vuelvan en un año más ya comerán como adultos. Su dieta normal es el krill, el camarón pequeño y microscópicos seres del mar que forman un alimento muy nutritivo, peces chicos, arenques, salmones y bacalaos jóvenes -agrega el hombre, mientras en un gesto protector abraza a su compañera delicadamente-. Se alimentan solo los ballenatos jóvenes, porque los adultos que llegan a Los Cabos no prueban bocado, sólo se alimentan de amor, como nosotros con mi Lupita, con o sin maremotos siempre vivimos este amor nuestro de cada día”.
   Las ballenas son un espectáculo maravilloso. Baja es un lugar extraño y sorprendente. Estrecha franja de tierra con playas de arena clara y montañas que caen al mar. Centros turísticos con glamour cinematográfico, sus legendarias misiones y pueblos mineros abandonados se combinan en un paisaje sembrado de sol y su propio aroma. Las playas parecen sacadas de una película. La arena fina y suave se escurre entre los dedos en partícula blancas y doradas. El mar azul y el cielo completamente abierto parecen eternos. Es un estado que difiere en muchos aspectos con el resto de México, como la ausencia total de construcciones prehispánicas, recordemos que ya no pertenece a la zona nuclear de lo definido por Mesoamérica. Los únicos vestigios de su pasado fabuloso están en sus Pinturas Rupestres, y no necesita más para ofrecer al turista esto excepcional, cómplice de algo más alto. Junto con un clima donde casi nunca llueve, los desiertos que anuncian las montañas cargadas de cactus son la escenografía perfecta de un paisaje californiano. Se ha sumado todo al condimento que le dan numerosos contingentes de visitantes provenientes de USA, de todas las edades, con muchos de ellos viviendo a la gringa aquí en sus campers, imprimiendo su idiosincrasia particular. De esta especial mezcla entre lo mexicano y lo norteamericano, con las bellezas naturales de fondo, surge el estilo del corredor de Los Cabos.

(c) Waldemar Verdugo Fuentes.

RELACION DE LOS CABOS B.C.S. DOS


RELACIÓN DE LOS CABOS.
“Iré al gran reino de California,
la península más bella sobre la faz de la tierra”.

Fray Eugenio Kino, 1681.
2. Por la carretera Transpeninsular entre Tijuana y Los Cabos.
Las pinturas de cuando aparecieron los primeros seres de aspecto humano.
Baile y Canto con una visión transparente de las cosas.

Los lugares aislados a que se puede acceder haciendo el recorrido por tierra constituyen una atracción aparte para el viajero. Me dirijo por carretera desde Tijuana a Cabo San Lucas a celebrar su categoría de ciudad este día 24 de febrero de 1986; hoy es día 14, tendré más de una semana para cruzar la península hasta la nueva flamante ciudad, donde me esperan los Verdugo el día 23. De la frontera norte de la península, sólo anotemos que su potencial económico está en su ubicación inmediata junto al estado más rico del país más poderoso de la Tierra. Bajamos por Playas de Tijuana, en un viaje sin ningún contratiempo siguiendo por la flamante Transpeninsular. Me acompañan los fotógrafos Max Clemente, del staff de Vogue, con quien hemos trabajado unos días en Los Ángeles y San Diego, en la California norteamericana, y Alan Carter, que realiza desde hace meses un catálogo fotográfico de flora y fauna de Baja para FONATUR. También va con nosotros nuestra amiga la maestra geóloga Judith Fuenzalida, que en la Península ha realizado investigaciones para el Instituto Nacional de Antropología e Historia; nació en Tijuana y es maestra docente de la muy ilustre Universidad Autónoma de Baja California Norte. Viajo con ellos hasta La Paz, de ahí seguiré solo a Cabo San Lucas, porque mis amigos cruzarán el mar de Cortés con vehículo y todo en transbordador hasta Mazatlán.
   Saliendo desde Tijuana cruzamos las playas de Rosarito muy temprano, pasamos Tapia, La Misión, El Tigre, el Sausal y nos detenemos en Ensenada, a orillas de la Bahía de Todos Santos. En Ensenada, en respuesta a las protestas de vecinos preocupados por la expedición de permisos para cazar borrego cimarrón, un animal muy hermoso, una autoridad de la Secretaría del Medio Ambiente, Recursos Naturales y Pesca, fijó su postura ante la cacería del símbolo natural de Baja California, justificando la cacería de tres ejemplares "porque se van a morir de viejos sin que los ejidatarios se beneficien en nada con su muerte". Su postura había generado una fuerte protesta pública encabezada por varios vecinos. Don Juan Cantú dice:
   "Nadie tiene que beneficiarse con muerte alguna. Las ballenas se mueren de viejas, al igual que jaguares, osos, lobos, tortugas que también están vedadas y en peligro de extinción, y no por ello hay que matarlos. Como cualquier ser vivo, los borregos tienen el derecho a morir de viejos, se lo han ganado, porque lograron eludir depredadores, las balas de los cazadores furtivos y legales, las enfermedades que le lleva el ganado del hombre que invade su hábitat sin restricción alguna. Han logrado sobrevivir sin agua, comiendo chollas y biznagas espinudas que le han dejado los labios desechos de heridas. Han soportado temperaturas superiores a los 52̊ C, y también bajo cero. Las autoridades no tienen derecho a ordenar su muerte".
   Otro vecino, el médico Alfonso García Aguilera, afirma que "los científicos han comprobado el vital papel del macho viejo que las autoridades están permitiendo matar. El borrego viejo es el guía del rebaño, al que siguen los borregos jóvenes porque saben que los conducirá a lugar seguro, sin enemigos y con alimento. Cazar los machos viejos rompe su estructura social, condena al rebaño al caos, de donde sacan ventajas depredadores y cazadores furtivos. No se ha comprobado que el macho viejo sea infértil, por lo tanto no se justifica su muerte. Nos engañan cuando afirman que la subasta de permisos de caza la hacen los propios ejidatarios. Sabemos que incluso algunas mismas de las personas encargadas de estos permisos los subastan al otro lado de la línea (frontera), en precios que oscilan entre los 45.000 y 75.000 dólares, como en una subasta de tres permisos realizada en un hotel de Chulavista, donde los compradores lo hicieron desde el anonimato de un teléfono para evitar represalias de los grupos ecologistas. Esos borregos ya fueron cazados a pesar de que nunca se anunció oficialmente la apertura de la cacería en Baja California, es más, aún no se ha anunciado".
   Otro vecino, el ejidatario don Pascual Vargas dice: "Los ejidatarios cuidamos al borrego y hemos conservado la superficie del desierto original sin transformarlo en pastizales. Pero nadie formalmente cuida al borrego cimarrón, porque se necesita una inversión y no tenemos recursos para hacerlo. Y las autoridades que deciden lo hacen desde sus escritorios sin tener la menor idea de la realidad del animal. No hay pastizales porque es desierto. Donde vive el borrego no crece nada, por eso nadie vive allí. Es lo único que le hemos dejado al cimarrón y ha aprendido a vivir con ese mínimo, a pesar de lo cual se le mata con permiso, a pesar de que la autoridad insiste en que no se darán más permisos, pero negocian los existentes al mejor postor. Sólo quedan entre 100 y 120 borregos cimarrones. Esa es una triste noticia pero a la vez nos anima porque siendo el criterio oficial de que sólo cuando queden menos de cien animales se consideran "en peligro de extinción", pues a nuestro borregos ya les llegó su turno; gracias a esos tres permisos rematados para matarlos, el borrego cimarrón de Baja California ya estará oficialmente en la lista de animales en peligro de extinción, aunque hace muchos años que lo está".
   Desde Ensenada seguimos hasta El Maneadero, donde tomamos una bifurcación hacia La Bufadora, en Punta Banda. La Bufadora de Ensenada es obra de la acción del mar durante años horadando la roca, hasta formar una caverna que se puede ver cuando retroceden las aguas en su vaivén. La tierra firme se deslizó formando una grieta bajo el nivel del agua que se comunica con un costado del cañón submarino. Cuando una ola choca contra el cantil, una parte penetra por la grieta submarina e impulsa el aire del interior, el cual, al salir a gran presión por la boca de la cueva, que es muy estrecha y está situada sobre el nivel del agua, choca de abajo hacia arriba contra la parte de la ola que siguió su curso hasta el farellón con la potencia de su peso de varias toneladas, explotando y rugiendo hacia el exterior, provocando una ola de más de 20 metros de altura, así como un sonido característico que da origen al nombre de La Bufadora: el sonido es el del mar bravo sostenido, ronco, para mis amigos es apabullante, sin embargo me parece protector. Junto a ella está la Playa Estero, que bien vale unas horas de descanso, es muy extensa y ubicada junto a Punta Banda, resalta por su blanca y fina arena, pendiente suave y oleaje regular. Es ideal para el descanso, la natación y la navegación.
   Nos dice la maestra Judith: "La Península de Baja California es un brazo de tierra bañado por las aguas del Océano Pacífico (al oeste y al sur), y separada del resto del territorio mexicano en el noreste por el Río Colorado y después por el Golfo de California. Hablamos de una península rugosa de más o menos 1500 Km. de largo y entre 45 y 250 Km. de ancho. Veremos en el trayecto que muchas partes están marcadas por pendientes escarpadas y que en general las vertientes de desagüe y acantilados se orientan hacia el Golfo. Por el lado occidental, el terreno desciende de forma progresiva en amplias planicies costeras. El espinazo montañoso que divide la península es discontinuo, y su altitud variable. El eje de estas formaciones es de norte a sur, aunque en la región del Cabo corre norte y sur e incluso tiene duras pendientes hacía el oeste. Los desiertos yacen bajo estas montañas en ambas costas. No veremos cursos de agua de considerable caudal dentro de la península, debido principalmente a lo abrupto del terreno; el agua superficial es escasa, existen algunos riachuelos permanentes en el noroeste y algunos manantiales temporales que forman oasis en el centro y sur de la península. Cuatro cadenas montañosas y otras de menor importancia se extienden a lo largo de ella, dominando el panorama peninsular la Sierra de San Pedro Mártir, cuya cumbre es superior a los 2800 metros, teniendo como punto más alto la Providencia o Picacho del Diablo con una elevación de 3096 metros, formada por un bloque granítico, rocas metamórficas, sedimentos recientes y material volcánico. La Sierra de Juárez que se encuentra en el extremo norte, tiene una altura de alrededor de 1500 metros y es relativamente plana en la cima. Formada de bloques graníticos se eleva abruptamente del desierto del Colorado. Al igual que la de San Pedro Mártir es una continuación de las cadenas peninsulares y transversas del sur de California. La línea costera que bordea la península se caracteriza por poseer bahías, puertos, cayos, esteros y playas. Alrededor hay 35 islas, sin contar islotes, la mayoría del lado del golfo. Del lado del Pacífico se encuentra la Isla de Guadalupe que es oceánica, pero el resto están cercanas a la costa y comparten sus características geológicas y biológicas. Es un hecho geográfico que la falla de San Andrés cada vez separa más a la Baja California y llegará un momento en que se desprenderá del continente".
   Hemos seguido cruzando Santo Tomás y San Vicente, donde, guiados por Alan Carter, visitamos pequeñas reservas de flora y fauna, lo que será común en el viaje. Nos vamos deteniendo en cada lugar donde mis amigos indican que debemos hacerlo para ver algo, para conversar con alguien o tomar unas fotos. En Cabo Colnett hemos alojado en un motel a la vera del camino; al nuevo día, cuando seguimos viaje, nos vemos envueltos en un paisaje espectacular, la impresión ya nunca a uno lo abandona en todo el trayecto. Seguimos, cruzando la Bahía San Román y la de San Quintín hasta la Misión de San Fernando. Alojamos en San Agustín, y en ruta por Santa Inés, Laguna Chapala, Punta Prieta, Rosarito, Santo Domingo, donde alojamos frente a la Bahía Sebastián Vizcaíno, mirando a la Isla Cedros, en Guerrero Negro, que se localiza entre el desierto y el Océano Pacífico. Se caracteriza por sus enormes salinas, consideradas las mayores en el mundo, mismas que son origen y vida del lugar. A escasos kilómetros, se localiza la Reserva de la Biosfera de Vizcaíno, la más grande de América Latina con una extensión de 2,546,790 hectáreas: su zona Laguna Ojo de Liebre es refugio natural de la ballena gris que, año con año, desde tiempos inmemoriales acude desde el Ártico para cumplir su ciclo reproductivo, entre noviembre y marzo. Es una especie en recuperación debido a las leyes para acabar la caza furtiva. Además de ballena, se encuentra lince, puma, pelícano blanco, halcón cola roja, águila pescadora, entre otros. Hicimos una visita a la empresa salinera ESSA que produce 7 millones de toneladas de sal anuales, y dimos un paseo por Ojo de Liebre, en que, gracias a que las aguas de la laguna estaban serenas, las ballenas se acercan a la embarcación sin producir el menor daño, excepto la subida de las aguas que nos empapa enteros y una impresión imborrable de que se viene encima uno de los mamíferos más enormes de la creación. Ha sido una experiencia excepcional.
   Seguimos por la Transpeninsular al sur, cruzamos el Desierto de Vizcaíno, que es muy caluroso hasta pasar El Caracol, Los Mártires, para llegar en poco más de dos horas a San Ignacio, que es un pueblo muy bonito, incluso atravesado por un río donde se puede nadar. Desde ahí visitamos algunas pinturas rupestres enclavadas en la sierra.
Las pinturas rupestres del cañón de Santa Teresa en la Sierra de San Francisco, parecen obra de gigantes pero son un patrimonio del arte humano. Los vestigios rupestres en la península se encuentran en varios lugares y a todo lo largo de su territorio, "pero es aquí donde se localizan los más bellos y espectaculares, ya que muchas de las pinturas tienen más de dos metros de alto, por esto es considerado como uno de los mayores descubiertos", afirma la maestra Judith, que ha estado en la zona junto con el personal del I.N.A.H. trabajando en labores de rescate. Y agrega: "Los primeros reportes de las pinturas de esta zona datan del siglo XVII cuando llegaron los misioneros jesuitas, desde ese entonces hacen mención de la grandeza de las imágenes. Algunos de ellos relatan que, investigando entre la gente del lugar, evocan leyendas de seres de gran tamaño venidos del norte que pensaron fueron los autores de las pinturas, incluso añaden que encontraron huesos de hombres que calcularon llegaron a medir hasta cuatro metros de alto. La historia de una raza de gigantes que habitaba en esta zona es muy remota, en su recuerdo incluso una sierra lleva el nombre La Giganta, según la tradición porque allí murió la última persona de su raza, una mujer enorme que finalmente quedó en la mitología de la zona. Los análisis de pigmentos indican que las pinturas tienen una antigüedad de 4 mil años, y la fecha más reciente corresponde al siglo XVII, lo que es sorprendente ya que en ese periodo de tiempo no hay mucha variación en su estilo. Los pobladores de estas zonas fueron los Pericués y Cochimíes, estos últimos se organizaban en grupos de entre 50 y 200 miembros, dedicados a la caza, principalmente del venado, y a la recolección de frutos. Existían dos jefes que dirigían al grupo, uno de ellos era el anciano o cacique y un chaman o "guama" que organizaba los actos religiosos, algunas veces un solo individuo ejercía ambos cargos".
   Para llegar al sitio en la sierra de San Francisco, desde San Ignacio se deben llevar los permisos respectivos: en dos locales contiguos a la Misión se instaló el museo y oficinas del I.N.A.H., desde 1980, cuando se iniciaron los registros de las cuevas con pinturas, hecho en pleno proceso. El custodio que registra a los visitantes de las pinturas, nos pone al tanto del compromiso que adquirimos y del equipo que tenemos que llevar para ir a la zona, y nos entrega el reglamento cuyos puntos sobresalientes son una clasificación del visitante en cuatro niveles:
   1) Los que sólo visitan la Cueva del Ratón y lugares cercanos a San Francisco, excursión que se hace en un día. Las siguientes requieren varios días de duración. 2) Los que además van a lugares habilitados en el Cañón de Santa Teresa, Arroyo del Parral y en el área de Santa Marta. 3) Los que van más allá rumbo a San Gregorio, San Gregorito y el Batequí, entre otros. 4) De interés estrictamente académico.
   "Todos los visitantes deberán acatar las disposiciones de la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas de México. Las visitas deberán ser conducidas por un guía autorizado por el I.N.A.H. La comida del guía la proporcionarán los visitantes. Se prohíbe hacer fogatas, hay que llevar estufas de gas tipo Colleman. Sólo se permitirán un máximo de 25 personas acampando a la vez. En el campamento el Granadillo sólo 7. Traer de regreso toda la basura que se genere, ya sea orgánica e inorgánica".
   También nos dio el nombre del coordinador en San Francisco de la Sierra, con quien nos teníamos que reportar. Afortunadamente el vehículo que traemos es una camioneta que puede circular en un camino de terracería, lleno de rocas y muy accidentado. No existe transporte regular. Pero se pueden buscar algunas alternativas en ranchos cercanos. Ante todo el formulismo y muy preciso control reglamentado de acceso a las pinturas, de lo alejado del lugar, de las dificultades para llegar, de sortear todos los posibles contratiempos, de llevar todos los aditamentos para acampar, y sobre todo de enfrentarse a un clima extremoso que puede ser de más de 40 grados centígrados en verano y llegar a temperaturas inferiores a los cero grados en invierno, ante todo, vale cualquier molestia el viaje. En las dos horas del trayecto a San Francisco encontramos barrancas espectaculares en belleza por su formación que parece sacada de un cuadro futurista. Llevábamos café caliente, la única bebida que quita el calor, el frío y la sed, pero lo único que deseaba mi cuerpo era una naranja. Al llegar a la casa del coordinador del I.N.A.H. en San Francisco, lo primero que veo es un árbol de naranjas, grandes, frescas, a punto, que, según supimos estaba allí antes de que llegara gente a la zona. Conseguí mi naranja que comí con fruición. Allí visitamos la Cueva del Ratón a la cual se puede ir caminando. Cuenta una historia que se llama así porque a un burro llamado "ratón" le gustaba irse a refrescar a la sombra de esa cueva. Al volver, el coordinador se ha encargado de avisar al guía que le toca turno, el vecino don Refugio Arce Ojeda que cuenta con animales propios para el trayecto y tiene la mejor disposición para ayudarnos. Al preguntarle cuál zona recomendaba para iniciar nuestra visita, indicó el Cañón de Santa Teresa. De acuerdo con sus honorarios, la cantidad de mulas y la renta de las mismas, cerramos el trato y esperamos la partida al siguiente amanecer. Instalamos nuestras carpas donde se nos indicó y nos quedamos dormidos de inmediato. Con los primeros rayos del sol iniciamos nuestra excursión. Mientras ponemos en práctica nuestros pocos conocimientos de montar en mula, en lo que a mi respecta porque mis amigos sin más se subieron y no volvieron a bajarse; en lo personal, a ratos preferí caminar al paso de la mula y mi cuerpo lo agradeció después. Nuestro guía don Refugio, con su modo de hablar rápido, como lo hace la gente de esta tierra, que hasta a veces parecía que no terminaba de pronunciar algunas palabras, nos comentó sonriendo: "Han venido algunos que se van caminando hasta allá, porque no saben andar en mula, terminan cansadísimos pero contentos, sobre todo después de ver La Pintada, es la más chula de todas las cuevas. Yo venga hasta acá por mi trabajo, pero es un placer y hasta el cansancio se quita cuando uno llega a las pinturas".
   La gente es muy sencilla y amigable, típica de la sierra, que les gusta que los visiten y que platiquen con ellos. Su actividad principal es el pastoreo de cabras, venta de las mismas y del sabrosísimo queso que elaboran. Aunque sus rebaños son diezmados por el puma. Dice don Refugio: "Es muy cobarde, porque huye de nosotros, pero se lleva muchas chivas. Mucha gente solo viene a ver la Cueva del Ratón, para las otras cuevas somos más de treinta guías y tenemos que esperar nuestro turno, aunque hay guías que no tienen bestias se las prestamos, son viajes muy importantes para nuestra economía".
   En el camino pasamos una barranca muy hermosa con formaciones de rocas enormes como solo he visto en la costa de Chile. Después de una hora y media llegamos al Cañón de Santa Teresa, donde son dos horas más de tránsito lento bajando el cañón, por veredas accidentadas y llenas de rocas, con algunos tramos de cuidado a la orilla del precipicio, pero las mulas están acostumbradas a estas jornadas, en un camino que ellas cruzan muy seguras. De repente, al fondo, un manchón verde que contrastaba con el paisaje árido y lleno de distintas variedades de cactáceas. "Santa Teresa", nos dijo don Refugio, ranchito donde viven unas pocas familias que se dedican a cuidar sus huertas, y por el cual toma el nombre el cañón. Allí, aprovechan el agua que corre en el fondo de la barranca, siembran hortalizas y además cuentan con árboles frutales como higo, durazno, limón y ¡maravillosos naranjos! Compré tantas naranjas como podía llevar cargando al anca de la mula. Un poco más adelante descansamos, se le quitó montura y freno a los animales para que pudieran tomar agua libremente. Entonces pudimos ver al fondo de las barrancas que estaba compuesto por piedras características de río, lo que hace suponer que en épocas remotas corría uno por allí, y que en la temporada de lluvias se llegan a formar grandes arroyos; charcas que heredan un riachuelo que corre a lo largo de las barrancas, y que en algunos tramos se hace imperceptible; palmeras erguidas orgullosas a una altura de 12 a 15 metros, y que a medida que seguimos son más abundantes, indicándonos que estamos en un oasis con toda su sensación de frescura en un ambiente árido; las laderas de las barrancas se ven llenas de distintas variedades de cactáceas; algunas creciendo de las paredes verticales formando terrazas en las cuales se aferran otras plantas y arbustos. El cielo es azul profundo y la luz azul se refleja en todo lo que vemos. Al continuar el viaje tardamos una hora en llegar a La Pintada, pero en la ladera opuesta; después de 45 minutos más llegamos a la zona de campamento, cerca del cual se forman pequeños pozos naturales de agua fresca. El calor es intenso, tan abrumador que tomamos una siesta después de la comida, para reparar fuerzas y esperar a que disminuyera un poco la temperatura. En la noche pudimos saber por qué se dice que el lugar es muy frío. Debo confesar que el frío fue que me obligó a comer la sopa de "cahuama", una bendita tortuga, pero estaba calientita, reconfortante, nutritiva, con trozos de carne deshebrados de un sabor tan delicado como el abulón pero levemente grasoso de calorías del mar: entendí por qué es el plato más común por lo necesario en la península, a pesar de las leyes de prohibición de captura con levantamiento de restricciones sólo unas pocas semanas al año.
   Muy temprano, la primera caverna que visitamos fue La Pintada, una joya en verdad, como dijo Don Refugio "es la más chula de todas las cuevas". Situada a media hora caminando del campamento, es una oquedad que corre a lo largo de 70 metros por la falda de la barranca, y que, como algunas otras de esta zona, cuenta ya con andadores de madera que facilitan muchísimo ver y admirar las pinturas. Es una verdadera galería de arte rupestre en cuyas paredes se pueden ver figuras humanas con los brazos extendidos con capuchas o penachos, venados, cervatillos, borregos cimarrones, liebres, coyotes, zopilotes, y figuras marinas como peces, tortugas, ballenas y delfines. Los colores predominantes son el rojo y el negro, que utilizaban pintando las figuras de ambos colores por la mitad, ya sea vertical u horizontalmente, hay algunas que están pintadas de un solo color. También utilizaron el blanco y el amarillo pero en menor grado, ya sea como contorno de algunas figuras o para resaltar algo en otras. El tamaño es muy variado, pero llega a haber figuras de más de dos metros de alto. Hay algunas pinturas que no están terminadas, o que son un bosquejo o un contorno definido. Las figuras se yuxtaponen. En uno de los murales de esta cueva pareciera como si un grupo de hombres tuvieran acorralados a varios venados y borregos cimarrón. En otros las yuxtaposiciones llegan a tal grado que pareciera como si ninguna parte de la pared estuviera libre de pigmentos, y hay que fijarse muy bien en donde empiezan y donde terminan las figuras, en una mezcla de tamaños, variedades, orientaciones y disposiciones.
   Al día siguiente visitamos otras cuatro cavernas. La primera fue la Cueva de la Soledad, ubicada a una hora caminando desde el campamento bordeando la montaña donde se encuentra La Pintada hacia otra barranca; el acceso incluye escalar algo no muy complicado. Don Refugio también la llama la Cueva de las Águilas, porque en la pared de esta caverna que mide aproximadamente 7 metros de alto por 12 de largo, se encuentran varias figuras de tamaño natural donde se pueden apreciar hombres, mujeres (ya que se distinguen sus senos entre las axilas), venados de grandes cornamentas, cervatillos, y dos hermosas águilas, una pintada de rojo y otra de negro, cuyo plumaje está dibujado en forma uniforme y no en líneas como en las demás cuevas donde también vemos águilas. Esta cueva también se caracteriza, porque en una pequeña oquedad inferior se encuentran pintadas algunas figuras no identificadas, rectangulares, alargadas, algunas de las cuales están cuadriculadas: "Unos gringos han venido dos veces y afirman que es escritura pictográfica semejante a la encontrada en algunas islas de la Polinesia", dice don Refugio.
   Después nos guía a la Cueva de las Flechas, que se localiza enfrente de La Pintada. En las demás cuevas se ve que las lanzas o flechas solo atraviesan a venados, cervatillos o borregos cimarrón, con la indicación precisa de dónde clavar el arma para derrumbar al animal y con un sentido artístico que a la vez, parece una celebración del acontecimiento. Aquí en la caverna de Las Flechas, que es posible ver hasta unos 25 metros de largo, por las obras de rescate, se encuentra un mural de grandes proporciones con un venado bellísimo al fondo y cuatro figuras humanas con capuchas o penachos, dos de las cuales están atravesadas por flechas en la cabeza, el corazón, el estómago y las partes nobles, en una extraña combinación y por la cual toma el nombre la cueva. En el resto de la cueva se distinguen algunas figuras, la más definida y mejor pintada es un hermoso borrego cimarrón, de quien se rescata toda su majestad.
   Por la tarde visitamos la Cueva de los Músicos, en proceso de rescate, ubicada a 45 minutos del campamento pero hacia el lado contrario de las otras cuevas. Es la más pequeña de todas, y falta mucho por hacer en la tarea de rescate: ahora se distingue algo así como dos pentagramas pintados de blanco y una docena de pequeñas figuras pintadas en rojo y no muy definidas en otros colores que se han perdido, se ven hombres y mujeres en posiciones tales como si estuvieran tocando instrumentos musicales, sin ser éstos visibles. También nos parecen personas sentadas y de pie en actitudes gimnásticas propias a los ejercicios de perfeccionamiento espiritual a través de ciertas posiciones del cuerpo. Algunas de estas figuras parecen calcadas de un manual de yoga, pero los estudios recién se inician aquí. Nos dice la maestra Judith: "Su antigüedad es tema de debate, pero no anterior al año 5000 antes de nosotros". También está en proceso de estudio la última que visitamos en este cañón: la Cueva de la Boca de San Julio, que se encuentra a 30 minutos de la anterior pero por otra barranca. En ella se vuelve a admirar la grandeza de las pinturas, y es la única en donde no se distinguen figuras humanas, ya que en sus dimensiones que son de aproximadamente 10 metros de largo por 6 de alto, solo se ven pintados venados, cervatillos, coyotes y liebres de tamaño natural, y varias figuras pequeñas de las mismas variedades, más otras que no se han identificado y forman parte del proceso de rescate del sitio. Dice la maestra Judith:
   "La realidad es que son piezas tan valiosas que debían estar muy bien protegidas y en rescate constante, pero los medios son insuficientes. El arte rupestre que se encuentra en las cordilleras de la península de Baja California Sur, se trata de una manifestación pictórica de los grupos cazadores-recolectores que se establecieron en la región hacia finales del pleistoceno, cuando aparecieron los primeros seres de aspecto humano. Es pintura de estilo naturalista por estar dominada por figuras humanas y por animales pintados. La mayor cantidad de sitios con pintura monumental en toda la península precisamente se concentra en esta área, donde se han desenterrado vestigios importantes de la cultura natural de la zona, para cuyos naturales la piedra fue la herramienta principal que les permitió subsistir en el medio árido de su entorno; con ella elaboraron diversos tipos de objetos con diferentes funciones y formas de tallado. Los investigadores han encontrado que los instrumentos de piedra tenían implicaciones simbólicas relacionadas incluso con la división sexual del trabajo dentro de las tribus, así como de las relaciones sociales que se establecían entre los diferentes grupos de la península, tanto al compartir las técnicas de fabricación como al establecer intercambios mercantiles. Se han encontrado varios fragmentos de escritura pictográfica, que no se ha descifrado, la que incluso servía de adorno a utensilios de su vida diaria. Las cordilleras y sierras que atraviesan la península de Baja California fueron escenario de una intensa actividad cultural desarrollada a partir de una economía basada principalmente, en la caza, la recolección y la pesca, dejando también su memoria escrita en estas pinturas rupestres, estas figuras antropomorfas y zoomorfas localizadas en cientos de abrigos rocosos y piedras. Se trabaja inicialmente la etapa de registro intensivo de los sitios, sobre las cuales no se había desarrollado ningún trabajo de fondo. Aún se sabe muy poco. Es mínimo el conocimiento sobre su cronología, filiación cultural y el papel que jugaron estos sitios en la vida de sus creadores. Además del conocimiento de estas pinturas y murales, el proyecto del I.N.A.H. debe considerar el desarrollo de una investigación arqueológica en todos los niveles. Ya se han seleccionado cuatro sectores que permitirían una cobertura completa de la diversidad de zonas bio geográficas presentes en la región y que influyeron en los patrones de movilidad y desplazamiento de los grupos humanos. Estos sectores son: Desierto de Vizcaíno, Sierra, Laderas Orientales y Costa del Golfo, donde hay recintos arqueológicos habitacionales con más de 50 estructuras de piedra, brotando de la superficie".
   A la mañana siguiente, subiendo las veredas para dejar el cañón de Santa Teresa, nos invadió una extraña sensación, entre nostalgia y alegría, de haber permanecido dos días en un lugar único: donde la naturaleza tiene pocos cambios, donde se comprende que el maravilloso paisaje fue la fuente de inspiración para la elaboración de esas hermosas obras en cuatro mil años de tradición pictórica; donde la mitología de los gigantes parece ser cosa muy posible; donde los amaneceres parecen interminables, cuando el sol ilumina las cimas de las montañas descubriendo poco a poco sus detalles, hasta llegar al fondo de las barrancas sembradas de palmeras, donde el equilibrio ecológico pende de un hilo, de ese hilillo de agua que corre imperceptible por algunos lugares y que le da vida a todo ese ecosistema; donde algunas palomas que se oyen rompen el largo silencio con su canto melancólico, y pequeños pájaros que se dejan ver alegran la vista de este paisaje desolado que debemos cruzar, antes de reparar en las flores espectaculares de algunas cactáceas y otros cientos de detalles de esplendor en estas barrancas; donde cerca de la zona de campamento nos salieron a recibir una cantidad muy grande de ranitas, no mayores de 3 centímetros de largo, que nos observaban cada vez que tomábamos agua, como si ellas fueran las guardianes del lugar y a las que se tuviera que pedir permiso para estar allí, y que nos arrullaban con sus cantos al anochecer con una tonada que sonaba afirmativa; en esas noches tan claras, cálidas y donde antes de dormir pudimos contar tantas estrellas fugaces que perdimos la cuenta.
   El deseo de querer permanecer más tiempo en cada sitio, es una sensación constante en el trayecto; tranquiliza sentir a la vez que ningún tiempo de paso será suficiente para ver lo que ofrece la península. Seguimos, cruzando la Sierra de Santa Lucía nos llevó a Santa Rosalía, que es un pueblo construido al estilo francés debido a la concesión del siglo pasado a ese país de explotar el cobre, pero como ya no hay cobre, no hay franceses. Un atractivo destacable es la iglesia pre construida en Francia por Gustave Eiffel. Es un lugar obligado para aquellos que vienen de Guaymas, Sonora, ya que aquí está el embarcadero del transbordador. Se puede conocer la mina de cobre que está en ruinas y sin embargo preserva la carga energética del mineral. Desde Santa Rosalía, la Transpeninsular enfila por la orilla del Golfo de California, y nos lleva a Mulegé, donde llegamos muy entrada la noche.
   Mulegé es un pueblo asentado en las márgenes del río que se une al Estero de Mulegé, donde prácticamente queda escondida entre la vegetación y los palmares, la misión de Santa Rosalía de Mulegé, fundada en 1705 por el religioso jesuita Juan María de Basaldúa. El edificio de lo que fuera la penitenciaría estatal, famosa por carecer de rejas, está ahora convertido en museo, en que se preservan importantes muestras de pinturas rupestres en piedras rescatados en la zona. Es punto de partida para varios lugares, y elegimos ir a visitar las playas de Bahía Concepción, que es un conjunto de playas, en la que se incluyen Santispac, El Coyote, Los Cocos, La Burra, El Requesón, entre otras. Camino al mar atravesamos un desierto de cactáceas como el órgano o cardón, que se utiliza como cicatrizante, y visitamos reservas de otras plantas medicinales como la Sábila, Yuca y Pitahaya. Siendo accesibles estas playas exclusivamente en vehículo desde Mulegé, en el lugar viven muchos norteamericanos en sus campers. La bahía de Concepción es un paraíso donde se ven aguas cristalinas de diversos colores entre verde y azul un poco frías, pero vale la pena nadar en ellas para sentir la emoción de deslizarse en el agua entre una exuberante vegetación marítima, algas, corales, y peces de todos los colores, que se acercan a uno curiosos.
   Saliendo de la bahía se encuentra la cuarta misión Jesuita que empezó a ser construida en 1705 y fue concluida hasta 1766. Seguimos viaje a Rosarito, San Francisquito y Loreto, donde alojamos. La bahía de Loreto es favorita de los grupos ecologistas, de los aficionados al remo y de los que gustan de acampar en plena naturaleza. Hay dos misiones que se pueden visitar: la primera está enclavada en el centro de Loreto y lleva el nombre de esta ciudad; fue iniciada en 1700 por Juan María de Salvatierra; fue dañada primero por un huracán en 1828 y luego por un temblor en 1877, fue reconstruida en 1957, y está en fase de rescate. Junto a ella se encuentra el Museo de las Misiones, que tiene un archivo importante de documentos de la península. La otra misión, San Javier, se encuentra a 38 kilómetros de Loreto y se halla rodeada por la sierra La Giganta, y es una de las misiones mejor conservadas de las Californias.
   Muy de mañana estamos cruzando Puerto Escondido, Ligui y atravesamos la sierra de La Giganta, entrando en Baja California Sur, donde la maestra Judith nos indica un sector en los que se están excavando sitios arqueológicos en su fase temprana. Dice ella que con el fin de evitar daños a los parajes naturales y sitios arqueológicos de la península como aquí en La Giganta y en todos los sitios en que se encuentran estos vestigios arqueológicos de arte rupestre, los más importantes del norte de México, “el centro I.N.A.H. de Baja ha proyectado un plan de manejo para controlar la afluencia de visitantes, o de arqueólogos improvisados, el cual también permite que los habitantes de la región tengan otra fuente de trabajo, sea como vigilantes o contratados como guías de turistas en las temporadas de mayor visita, como experimentamos en San Francisco. En este proyecto, el I.N.A.H. del estado es el responsable de proporcionar la capacitación, control y apoyo técnico y legal a dichos guías, cuya labor en especial se requiere entre los meses de octubre y abril, cuando se incrementa la afluencia de visitantes nacionales y extranjeros, muchos investigadores y naturalistas. En la realidad, hay turistas todo el año".
   Comenta ella que "un enigma importante para los investigadores fue durante años la ubicación del yacimiento de obsidiana que abasteció a toda la región; a la obsidiana es preferible llamarla roca volcánica, cristal volcánico o mineral, pues había sido encontrada inclusive en los sitios de grandes murales. El área cercana a los volcanes Tres Vírgenes, como Valle de Azufre, cercano a Santa Rosalía, se consideran posibles yacimientos. Pequeños hallazgos, puntas de lanza y restos de utensilios de obsidiana indican que el yacimiento fue utilizado al menos hace diez mil años. Se han comenzado a excavar en dos sitios murales mayores: Cueva Pintada y Cueva Soledad, además de otros como el sitio 27 en el arroyo Cuesta Blanca, la Cueva de la Laguna y la Cueva del Ángel. Además de utensilios de piedra como metates, se están rescatando muestras de textil bien preservado, cordaje de fibra de agave y metates con restos de pintura, artefactos de concha, hueso, madera y asta. Entre los cuatrocientos sitios descubiertos, sobresale la cueva de Santa Teresa, que visitamos en sus 500 metros cuadrados de murales, pero aquí en esta zona hay otros igual de monumentales aún con acceso restringido por estar en proceso de rescate arqueológico. Todas las pinturas muestran el tema recurrente de la caza de animales cada vez más escasos. Hace unos ocho siglos, cuando se extinguieron las especies de caza mayor, los murales perdieron su utilidad de servir como manera didáctica de enseñar la caza de un animal. Hoy son las pinturas rupestres más numerosas y gigantescas que se conocen en el mundo".
   El cielo, casi siempre nítido, abierto y azul, permite al sol ensañarse enviando sus rayos de calor que asolan un suelo casi desnudo, muy árido, en donde las formas animales y vegetales han tenido que sufrir un proceso de selección y adaptación para sobrevivir en un medio en el que la lluvia es un fenómeno extraño. Esta singularidad de Baja ha creado un mundo vegetal sobrenatural. Hemos visto la mayor profusión de cactus, comunes en el camino, desde los enormes sahuaros y pitahayos, con forma de candelabro y alturas superiores a los 15 metros, hasta los intrincados y agresivos nopales cholla cuyas espinas se descaman haciendo imposible su extracción; pasando por la festiva presencia de los cactos equinoideos y biznagas, que me recuerdan a los erizos de mar. Otra planta singular del paisaje es el cirio, un árbol que aquí ha perdido prácticamente sus características de follaje y ramas, quedando solamente el tronco principal con unas pocas hojas y espinas, elevándose en el paisaje como una mano piadosa elevada a lo alto, quizás si clamando por las aguas del cielo. Otras plantas que veo aquí son agaves morados y bromelias, de apariencia arrosetada, y las yucas muy blancas, que añaden a la roseta de hojas agudas y duras un tronco grueso y retorcido. A las plantas del desierto bajacaliforniano no les gustan los vecinos, crecen abiertas y esparcidas, debido a que casi todas ellas secretan de sus raíces sustancias venenosas que no permiten ni la germinación ni el crecimiento de otros elementos vegetales; de esta forma, cuando llegan las lluvias absorben toda el agua disponible en su rededor inmediato. En toda la Península abundan las plantas medicinales; las indicaciones de Alan Carter nos permitieron descubrir Cacachila, Palo verde, Planta Ardilla, Lomboy, Torote, Ciruelo agrio, Pitahaya agria, Pitahaya dulce, Romerillo, Uña de gato, Cardón, Biznaga, Palo blanco, Palo de arco, Zalate y Jarilla. Hay abundancia de Orégano y Jojoba. Algunas hierbas se han convertido en oportunistas, han aprendido que es más fácil vivir en forma de semilla, y así pasan años, hasta que en una lluvia explotan de vida en una efímera existencia, que viste al desierto de verde y flores, renueva la reserva de semillas que estarán como dormidas hasta despertar después de un tiempo marcado o al ser consumidas por algún animal, que han aprendido a arreglárselas casi sin agua, como el citado borrego cimarrón que hemos visto varias veces correr libre, que se las puede arreglar sólo con la humedad que obtiene al mordisquear los cactus para subsistir; este animal de hermosa apariencia, de rico pelaje que lo aísla de la terrible radiación solar, evitando que el agua de su cuerpo se pierda, está, insistimos, en peligro de extinción, como una variada fauna terrestre de la península; entre otros el Tejón, Zorrillo pinto, Zorrillo rayado, Coyote, Zorra gris, Puma americano, Gato montés, Babisuri, Venado bora o cola prieta, el Mapache, conejos y liebres. Entre las aves, manejando por la Transpeninsular es común ver los Correcaminos, que se atraviesan causando sorpresa y risas su aparición sorpresiva, para desaparecer de inmediato de tan rápidos que son, igualitos a ese que aparece en la televisión perseguido por el coyote. Entre las aves destacan la Codorniz, Paloma serrana y de ala blanca, Chuparrosa, Pájaro carpintero, Golondrina, Cuervo, Torcaza, Cenzontle, Cardenal... en Baja canta la Calandria.
   Cruzamos Ejido Insurgentes, Villa Constitución, Los Inocentes, El Médano, Rosario de Arriba y entramos muy de noche en La Paz, capital de Baja California Sur. Durante todo el trayecto hemos aspirado en el aire el fino olor singular que aromatiza toda la región, aquí se huele la “Damiana” única en aroma y cualidades que crece con mayor profusión adentrándose en la península, dando origen a que Los Cabos sea llamada también “la tierra perfumada”. Ese es el aroma que envuelve la ciudad de La Paz, bautizada así por Sebastián Vizcaíno en 1596, quizá por el cordial recibimiento que le brindaron los habitantes indígenas o tal vez por la tranquilidad de la bahía. Sin embargo, durante mucho tiempo, la aridez de la zona y los problemas de transporte impidieron el establecimiento de los conquistadores. Casi cien años después, los misioneros lograrían doblegar estas dificultades con su esfuerzo y tenacidad. Entre tanto, fueron muchos los aventureros, filibusteros y enviados oficiales que desde sus costas iniciaron la búsqueda de la legendaria Isla de las Amazonas, ubicada por aquí en un lugar oculta:
   “Sabed que a la diestra mano de las Indias hubo una isla gobernada por la reina Calafia, muy llegada al paraíso terrenal, la cual fue poblada por mujeres de piel oscura, sin que algún varón entre ellas hubiese”; dice un pasaje de las “Sergas de Esplandián”, novela caballeresca escrita por el español Garcí Ordóñez y publicada en 1510. Este antecedente, unido a los rumores que Hernán Cortés escuchó por parte de los habitantes de Cihuatlán, sobre un reino de mujeres solas gobernadas por un reina guerrera, sirvieron para que la península se identificara con esta leyenda, convirtiéndose La Paz en centro de operaciones de los expedicionarios y aventureros. La ciudad está ubicada en una amplia bahía; tiene agua dulce, el paisaje de la región se ve rodeado prácticamente por agua, sin embargo es muy agreste: macizos acantilados de granito y cuarzo, invadidos por violentas efusiones de volcanes dormidos, ponen en evidencia el predominio del reino mineral. Viniendo por la Transpeninsular desde Tijuana, uno entra en La Paz por la calle de Abasolo y se conecta con la costanera que corre de sur a norte. Excepto el malecón, toda la ciudad es una retícula perfecta.
   El malecón de La Paz resulta para los turistas muy atractivo debido a que en él se encuentra gran parte de la infraestructura turística, hoteles y restaurantes, además de que es una Zona Franca, donde se pueden obtener mercancías muy variadas, procedentes de casi cualquier parte del mundo, libres de impuestos. Nos hemos instalado en Los Arcos, justamente en el malecón frente a la bahía. Hay alojamientos para todas las necesidades, como en toda la península; de acuerdo a lo que se busca, hay hoteles en la playa, los más caros, como el Gran Baja, El Presidente y La Posada; otros medianos en el malecón, como Los Arcos, que ofrece la opción de cabañas en una sección, que son cuartos amplios rodeados de jardines. El Perla tiene la cafetería más popular de La Paz. Si se desea quedar varios días, es posible alquilar departamentos o suites en los alrededores o en pleno centro de la ciudad. También hay casas de huéspedes como la Hostería del Convento y la Pensión California, que son habitaciones sencillas generalmente con abanico de techo. Como en el resto de las ciudades de la península, también hay zona de tráileres y para acampar y un albergue CREA para jóvenes. Para prepararse su propia comida se encuentran fácilmente establecimientos pequeños con todo lo necesario: alimentos frescos, bebidas, latas y comestibles importados de los sitios más exóticos que uno se pueda imaginar. En el malecón se concentra la mayor oferta gastronómica, desde tortas de camarones frescos, preparados a la plancha con aceite de oliva y aguacate (el rey de las tortas está en Alvaro Obregón y Victoria, donde se puede probar también raspados de frutas naturales, como el mango y el tamarindo), hasta platos de todas las regiones de México; hay una variada cocina internacional, especialmente de India y China. Los locales de comida del mar ofrecen a la vista en unos pequeños corrales de cultivo, las especies vivas que se pueden degustar. He probado langosta con salsa de tamarindo, almeja chocolata y la machaca, carne deshebrada del pez mantarraya, que es parecida en sabor y textura al pez sierra. Me he hecho adicto a la sopa de aleta de tiburón, que es otra especialidad de la península. El licor de "Damiana" es la bebida tradicional, y su receta es un secreto; sólo se sabe que es obtenido de la planta y es exquisito.
   Las playas de La Paz, como la de Coromuel, El Caimancito, El Tesoro, Eréndira, Pichilingue, Balandra y El Tecolote, son todas bellísimas de blanca y suave arena en que se mezclan los cálidos paisajes del desierto con curiosas formaciones de rocas, cuyas bases son mucho más pequeñas que sus cumbres, y una agua tan tranquila y verde que pareciera ser de jade. Las especies del mar que rodean la Baja California Sur son muy variadas; las más comunes son el Tiburón, la Cabrilla, el Guachinango, Pargo, Sierra, Bonito, Garropa, Coral negro, Peto, Mero, Barrilete, Calamar, Ostión, Pez martillo, Langosta, Camarón de bahía, Pierna, Pargo rojo, Jurel, Pargo coconaco, Huajo, la Tortuga... atraen a los turistas especialmente el pez Dorado, el Marlín y el Pez espada. El mar se ve cruzado por gaviotas, pelícanos grises, tijeretas, toldillos, zarapicos y albatros. En las aguas del Golfo de California hay grandes colonias de coral, algunas variedades únicas, que en profusión permiten la existencia de colonias abundantes de ostras perleras, que incluye variedades como la perla lágrima y la perla negra. Hay en la zona legendarias historias de hombres que hicieron inmensas fortunas en perlas. En las colonias de coral vive una curiosa especie de delfín, que sólo aquí habita, de tamaño muy pequeño, el llamado cochito o vaquita.
   En la última mitad del siglo XVI y parte del XVII caracterizó a La Paz ser refugio de los piratas ingleses. Las historias fantásticas de la reina Calafia perduraron, e incluso ciento cincuenta años después de las expediciones pioneras, los mapas de Baja la seguían representando como una isla llamada California en honor a Calafia. De acuerdo con la novela medieval, ejércitos de mujeres valerosas, ataviadas con doradas armaduras, impidieron a los hombres establecerse en el lugar. Existiera o no este ejército de amazonas, la "isla" resultó tan poco acogedora como la que habitaban las imaginarias enemigas de "Esplandián". Así, durante un siglo, los únicos europeos que se refugiaron en la península fueron los piratas. Entre ellos, Francis Drake, el más grande de los corsarios, emboscaba a los buques provenientes de países de Oriente, como el galeón de Manila, que en su ruta tocaba las costas bajacalifornianas para incrementar su rico cargamento con muchas perlas, que despertó la codicia de los bucaneros, que se escondían luego en las ensenadas y bahías de Los Cabos. Drake, a bordo de su barco el Golden Hind, hostilizaba además los buques mercantes de la Corona española; también se había encomendado la misión de encontrar el mítico “Estrecho de Anián”, que facilitaría el paso entre el Pacífico y el Atlántico. También utilizó La Paz como refugio el pirata Thomas Cavendish, quien esperando la nave del célebre marino y explorador español Sebastián Vizcaíno, emboscado en las cercanías de Cabo San Lucas, no lo pudo atacar debido a una espesa niebla que se levantó del mar y ocultó la nave científica. También el legendario pirata Cromwell ha quedado inmortalizado en la Paz, debido a que el viento fresco que permitía antiguamente la entrada de los galeones al puerto, y que ahora lo refresca durante las tardes del verano, ha sido bautizado con una palabra que es una corrupción de su nombre: el “Coromuel”.
   El día 22 me despertó la sorpresa amable de que los Verdugo habían venido por mi desde Cabo San Lucas, a poco menos de doscientos cincuenta kilómetros de La Paz. Juntos fuimos a dejar a mis amigos que en el transbordador emprendieron por el Golfo de California viaje a Mazatlán. En La Paz hay mucho que ver; la ciudad a lo largo del año tiene eventos deportivos internacionales, la pesca, el buceo, los veleros... también los coches y las motocicletas, como los que llegan a competir a la carrera Baja 1000, cada dos años, en que los pilotos corren fuera de la carretera, por brechas desde Ensenada a La Paz, una de las competencias más difíciles en su género dentro del circuito internacional. En lancha salimos desde la playa Pichilingui, junto a la terminal del transbordador, un sitio ideal para acampar; desde ahí hemos llegado hasta las islas Cerralvo y Espíritu Santo, ambas paraísos ecológicos, así como Isla Partida, santuarios de lobos marinos, que resulta una inolvidable experiencia, especialmente para quienes gustan de bucear, remar o simplemente tomar el sol y nadar en las transparentes aguas de sus caletas. A una distancia de poco más de tres horas por mar, la visita a la colonia de leones marinos, en el arrecife de La Lobera es importante obedecer las indicaciones del guía y no subirse a las rocas donde habitan ya que son animales territoriales y no permiten que invadan su terreno, "les pueden arrancar el brazo", advierte el guía, sin embargo algunos hacen lo que los norteamericanos: bajan a las roquerías y prueban suerte. El guía enseña: "No deben tocar a las crías que se les acercan, en caso de que se presentara el contacto no deben hacerlo con la mano abierta". Estando en este lugar se ven los bancos de peces multicolores como se abren ante el paso fulgurante de estos animales, que juegan entre corales. El regreso es acompañado por peces de varios tamaños y colores que, si nos detenemos, rodean la embarcación y esperan que les tiremos comida, se acercan incluso a comer de nuestra mano. Nos detenemos en la playa de Ensenada Grande, donde se aprecia un maravilloso verde turquesa en sus aguas cristalinas, por ser este lugar un atolón, un arrecife coralino en forma de anillo, con una laguna en el interior. Todo es un delicado equilibrio, en el que hay una regla imperativa: No contaminar.
   Desde el mar se ven los Cabos como un oasis; a pesar de estar rodeados por una zona desértica, está lleno de color y vida, de árboles viejos, laureles, tamarindos, framboyanes. Desde el mar a la hora primera de la tarde La Paz reposa entre espejos de sol, al fin del día se caracteriza por sus maravillosos crepúsculos. En el centro de la ciudad hemos visitado el Museo Antropológico, en 5 de mayo y Altamirano, con salas de exhibición sobre las culturas sudcalifornianas. Hay una colección de fotografías de algunas pinturas rupestres de la península en su primera fase de excavación. También hemos estado en la Biblioteca de las Californias, en calle Madero y 5 de mayo: en lo que antaño fue palacio de gobierno, se conserva un excelente acervo de documentos y libros históricos únicos sobre las tres Californias. En el recorrido obligatorio, además de ver el Palacio de Gobierno y el Palacio Legislativo, se debe visitar la misión de Nuestra Señora del Pilar de La Paz, fundada en 1720, así como el Teatro de la Ciudad, con modernas instalaciones que albergan galerías de arte y biblioteca. En los jardines que rodean el Teatro se localiza la Rotonda de los Hombres Ilustres y los cuatro molinos, símbolo de La Paz de antaño. El día 23 cruzamos con los Verdugo los 231 kilómetros que hay hasta Cabo San Lucas. Tomamos la Transpeninsular hasta San Pedro y llegamos a El Triunfo, un pueblo donde se estableció uno de los sitios mineros más antiguos de las Californias, que se encuentra en proceso de rescate conservándolos como testimonio de la historia peninsular y un sitio de atractivo cultural. Conversamos con el vecino maestro Eulogio del Río, profesor en la escuela pública del lugar, quien nos dice: -El proyecto se realizará en dos etapas, en la primera se restaurará la chimenea La Ramona, se repararán los hornos anexos a la chimenea mayor, además del acondicionamiento de senderos y puentes para uso peatonal. En la segunda etapa se planea rehabilitar a las viejas casonas, rescatar la traza original, empedrar las calles, habilitar el camino real y construir el circuito turístico de los reales mineros que incluyen San Antonio, El Rosario y Santa Ana. En 1878, en la región de El Triunfo, se estableció la Compañía Minera El Progreso, con la finalidad de explotar los yacimientos de oro y plata encontrados en el territorio. El Progreso instaló más de 40 kilómetros de tiro y socavones, máquinas elevadoras, taladoras, compresoras de aire, calderas, y construyó una hacienda a beneficio; estableció además una maestranza, una herrería, una carpintería, una carrocería y una completa y moderna planta, capaz de extraer cuatrocientas toneladas de metal al día. Sus principales minas fueron conectadas por una red ferroviaria de 10 kilómetros de largo. Actualmente El Triunfo es una comunidad de 200 habitantes que aún conservamos la historia de los pueblos mineros decimonónicos. En el proyecto de rehabilitación participan además del Centro I.N.A.H.-Baja California Sur, el Gobierno del Estado y nuestra comunidad.
   En la noche para dormir nos detuvimos entre Los Barriles y Buena Vista, donde don Martín Verdugo representa cinco generaciones con su Beach Resort en Cabo Este, un sitio sin parangón que conserva el encanto de la California mexicana. Los Cabos es famoso por sus playas y por la pesca deportiva, es sede de frecuentes torneos internacionales; hay zonas de agua termal (60 grados centígrados) y establecimientos médicos no tradicionales, que utilizan plantas medicinales y otras terapias. Tomamos la carretera a través de la costanera hasta Punta Arena, cruzamos Cabo Pulmo, con playas de arena blanca y muy fina que es un agrado sentir; allí se puede apreciar una de las mayores formaciones de coral del océano Pacífico. Seguimos hasta Los Frailes, Boca del Salado y desde Palo Escopeta tomamos una bifurcación hasta el camino que lleva desde Santa Anita a San José del Cabo. En el Estero se desarrolla muy bien el Santuario Ecológico de los Cabos para la preservación y custodia de flora y fauna casi desaparecida en el resto del planeta, donde se han diseñado puntos de observación para apreciar a sus habitantes adecuadamente en su estado natural y anular su extinción.
   Cruzamos el aeropuerto Internacional de San José del Cabo, al que se puede llegar desde cualquier punto pues hay vuelos directos desde la Ciudad de México y las principales ciudades norteamericanas; ubicado a 40 kilómetros de Cabo San Lucas, ofrece todos los servicios requeridos. Llegar por aire a Baja da una buena idea del lugar. La vista desde el cielo es una instantánea de aquello que lo distingue: mar azul y playas que se continúan en un desierto de grandes cactus. Por tierra es un viaje excepcional, debo anotar que la Carretera Transpeninsular es segura y está en excelentes condiciones. El litoral de Los Cabos presenta su propio marco impresionante de bahías, acantilados, sierras, playas, desiertos y el mar muy azul y transparente. En la extrema región de la península la montaña se adelgaza, se desnuda de vegetación y, entre inmemoriales peñones graníticos, la tierra se sumerge en el océano, en Cabo Falso: un gran arco de piedra labrada por el azote de las olas del mar, territorio de maravillas en que destacan las cascadas de arena submarina y un lecho sembrado de color manganeso. Las playas de Los Cabos son todas de singular belleza por estar justo en la conjunción del desierto y el mar, y en todas ellas viven pequeñas colonias de lobos marinos que han hecho de la zona su hogar, justo enfrente de donde se pueden ver todo el año los lobos y leones marinos y en su época del año escuchar el canto amoroso de las ballenas.
   Este día 24 de febrero de 1986 hemos llegado a Cabo San Lucas a celebrar su categoría de ciudad; con la presencia de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, cubriendo las disposiciones legales se acordó la Conversión a Ciudad de la población de Cabo San Lucas. Su infraestructura cuenta con todos los elementos de una ciudad: comunicación con el resto del mundo, carreteras, estadios, parques deportivos, canales de televisión, periódicos, escuelas de enseñanza completa, su edificio de gobierno, está en pleno desarrollo la zona náutica en una extensión de 27 hectáreas en tierra y 21 hectáreas de marina, constituida por escolleras, canal de acceso, dársena, muelles, con todos los recursos básicos unidos a un ofrecimiento turístico de los más excepcionales de América.
   Las fiestas han sido magníficas. Muestras turísticas, gastronómicas, deportivas y artísticas. Junto al monumento a la bandera inaugurado también este día, en una tarima especialmente acondicionada se realizaron los espectáculos. El Ballet Folklórico ofreció un interesante repertorio formado por las expresiones de música y danza de la península. Conversamos con la maestra Diana Cota, quien nos dice que la tradición es nueva, sólo se remonta a principios del siglo XX, cuando la revolución en su pleno apogeo, propició la deserción de familias enteras hacia otros lugares más pacíficos, encontrando muchas de ellas refugio en la península, que por estar poco comunicada y alejada geográfica y culturalmente del macizo continental, representaba un lugar seguro donde refugiarse. Nos dice ella:
   "Al irse creando grupos musicales que amenizaban bodas, fiestas y bailes, estos últimos muy populares en los pueblos y rancherías en las que lucían las prendas domingueras (lo mejor del guardarropas) se reunían en una casa familiar, en un patio, en una huerta o debajo de una enramada hecha con palma de datilero o a la sombra de un gran mezquite iluminado por lámparas de petróleo, a veces los convivios se prolongaban por varios días. Se interpretaban melodías en sones y ritmos que introducidas a nuestra península ayudaron a despertar la inspiración de músicos anónimos, creando ritmos de los que se bailaban en el Norte del país (polka, redova y shottis), llevando un toque diferente que se puede clasificar en una música melancólica festiva.
   "Los instrumentos musicales con los que nos hacemos acompañar para interpretar el presente repertorio de Baja California Sur son el acordeón, llamado por los nativos "la Cochi"; el contrabajo, también conocido como "tololoche"; la guitarra y el violín. Los trajes folklóricos representativos y con orígenes muy antiguos abundan en nuestro país, pero en la Península no se definió uno especial, sino que se usaron trajes de época. A falta de un vestido que representara y en sí que reuniera las características necesarias para simbolizar ante las entidades de la República al estado, se convocó en el año 1955 a un concurso de confección y diseño del traje Regional de Baja California Sur, siendo triunfador el traje de Flor de Pitahaya, que fue confeccionado por la Profesora Alejandrina Cota Carrillo, y pintado por el Profesor José Torre Iglesias, basado en una leyenda escrita por él mismo, que versaba sobre el nacimiento del cactus, planta característica de la flora del desierto y excelencia de los nativos. Confeccionado en charmes o raso, en color rojo, blanco y verde, la blusa escotada en color blanco con cuello en el escote en forma de una flor pintada y bordada en chaquira y perlas en torno a la flor pintada. La falda semicircular de color rojo, lleva una planta de cactus ramificada, en la cual se distribuyen tres flores, una en la parte superior y dos en los costados iguales a los de la blusa, también algunos frutos. Complementa un olán la falda de color blanco, los tonos en que van bordados y pintados los cactus y las flores son en verde, rojo y amarillo con chaquira, canutillo y perlas al tono, se adorna con moño de tul bordado en chaquira negra simulando la pulpa con su semilla (lleva collar y aretes de perlas)".
   La maestra Cota sigue: "En nuestra presentación, mostramos bailes tradicionales de nuestro estado como Las Calabazas, La Suegra, El Apasionado y La Chilena. Las Calabazas es un baile mixto, con movimientos de salto o alzada, con carácter de baile de galanteo de origen mestizo. Se cree que fue introducida a nuestra región por marineros que viajaban a los Estados Unidos, los cuales tocaban aquí en el sur de la península y los arraigaron al grado de considerárseles totalmente sudcalifornianos. Este baile lleva un ritmo melancólico siendo este un chotis. La letra del canto es breve y festiva. Uno dice:

Las calabazas que tú me diste
Me las comí con sal y vinagre,

pero los besos que tu me diste
no me los quitan ni tu, ni tu madre.
Las calabazas que tu me diste
me las comí con melón y sandía,
pero los besos que tu me diste
no me los quitan ni tu, ni tu tía.

   "En Las Calabazas las mujeres usan falda floreada (estampado chico), que contraste con el color de fondo de la tela, lleva un olán plisado con encaje y sobre la costura un listón de color que combine con la tela. Sobre la bastilla lleva un encaje también. La blusa es de popelina blanca, llevando en la parte delantera encajes desde el cuello hasta la bastilla, usa el cuello alto y las mangas van plisadas en la parte superior y en forma de tubo hasta llegar a la muñeca rematándose con encajes plisados. Lleva enagua blanca y usa calzonera hasta la rodilla, calza botín y usa en la cabeza un discreto tocado de flores menuditas, tres peinetas en diferentes colores y su pelo lo peinan trenzado formándose un molote. A la altura del cuello portan siempre un camafeo de color negro. Portan botín tipo Adelita de color negro. El hombre viste pantalón de mezclilla, cinturón negro, botín negro, camisa blanca y un pañuelo paliacate rojo, en la cabeza llevan un sombrero de palma con el ala caída.
   "El baile de La Suegra es de estilo ligero, con movimientos de alzada y zapateado, es de carácter galante y origen criollo. Es uno de los bailes mas representativos del Estado, melodía a ritmo de redova aunque un poco mas lenta, es un baile que se interpreta por parejas que a base de evoluciones frente a frente o enlazados se desplazan en coreografías sencillas y armónicas, el tema musical es festivo acompañado de versos que nos dan el profundo afecto ideal que inspiran las suegras:

Yo tengo a mi suegra
Que tanto la quiero,
Por verla sentada
En un hormiguero.
Yo tengo a mi suegra
Que tanto la adoro.
Por verla sentada
En los cuernos de un toro.
Ay, ay, ay, que pena me dan
Las ingratitudes que me hace pasar.
"En La Suegra, la mujer viste trajes de época con marcada influencia norteña, con la diferencia que no usa la pasamanería, tan solo adornaban sus trajes con encajes en la cabeza del olán y también en la bastilla, usan fondo con olán y calzonera. La blusa es de popelina con pechera y sobre esta le añaden un pasalistón, la manga es muy abombada, la que llaman "de carnicero", se le cose un elástico de 15 cm. Arriba de la bastilla, portan botas negras o blancas tipo Adelita, trenzan su pelo y se forman un molote colocándose un moño de color de la falda y tres peinetas de colores al gusto de la mujer. El hombre lleva pantalón de dril o casimir, combinado con una camisa de céfiro (rayas pequeñas), manga larga, pañuelo en la bolsa trasera de su pantalón y botín de la región.
   "El baile El Apasionado es de estilo ligero, mixto, con movimiento de valseado, es de galanteo y de origen criollo, cuyas notas invariablemente arrancan sendos gritos de júbilo. No tiene una coreografía definida, ya que es una baile de parejas, en que el poder creativo y la sensibilidad de los intérpretes se conjugan con las costumbres y actitudes propias de los nativos que valsean en forma rápida y con giros ágiles. El vestuario de la mujer es totalmente costero, a base de una blusa de popelina blanca, escotada con un olán rematado con encaje blanco, la falda es de percal o algodón estampado con flores de tamaño regular. Los hombres van vestidos con pantalón blanco y camisa de popelina blanca, anudada a la cintura, lleva sombrero y calza botín de color negro.
   "También en nuestro repertorio tenemos La Chilena, que es el baile más característico que nos ha llegado del continente, donde los cuerpos vibran al son de éste ritmo, el cual en sus evoluciones nos recuerda La Cueca, el baile nacional de Chile. Ocurrió que cuando estalló la fiebre del oro en California, venía regularmente una escuadra chilena, que paraba algún tiempo en Acapulco, donde los tripulantes en sus ratos libres bajaban a una playa denominada larga, y ahí tocaban sus canciones (las cuecas chilenas), las cantaban y bailaban zarandeando el cuerpo y agitando en alto su pañuelo o paliacate, sobre una canoa volteada para que se escuchara el zapateado; muchos nativos que se acercaban hicieron amistad y aprendieron las canciones; cuando la escuadra se marchaba, decían: "hay que cantar las chilenas", refiriéndose a las cuecas... así se le quedó el nombre de "chilenas", una música y baile que se arraigó en las costas del Pacífico mexicano, donde se desarrolla de manera distinta de su modelo original hasta convertirse en una de las variantes del son mexicano; con el que comparte ciertos rasgos musicales y coreográficos: siempre es baile de parejas y con frecuencia se ejecuta zapateando sobre una tarima. Este baile recuerda el cortejo del gallo a la gallina como sugiere su nombre original, cueca, que es derivación de la palabra "clueca", de origen chileno. El hombre y la mujer llevan en la mano un pañuelo que representa, posiblemente, la cresta o las plumas de la cola de dichas aves. La tarima es la artesa llamada también canoa, pues al igual que ésta se construye de un tronco grande y de una sola pieza. La artesa o canoa se coloca boca abajo sobre unos palos que la levantan unos centímetros del suelo y sobre ella bailan las parejas, una cada vez. Durante el baile la pareja mantiene inmóviles el torso y la cabeza en tanto los pies bordan los pasos. En cierto momento se acercan tanto que casi se tocan con los labios; de pronto, con un movimiento evasivo giran y se colocan espalda con espalda para después volver, bailando, a quedar frente a frente.
"La inmensa mayoría de las coplas son cuartetas octosílabas con asonancia entre la segunda y cuarta líneas. Esta forma permite acomodar cualquier verso a cualquier melodía del repertorio. Es probable que, antiguamente, muchas melodías carecieran de letra propia y el músico tuviera que improvisarlas. A veces y para dar mayor animación a la fiesta dos copleros reconocidos entablan un desafío para ver quien tiene un mayor repertorio, y así, uno de ellos entona un verso que es contestado enseguida por su contrincante. Este "desafío" termina cuando alguno de los copleros agota su memoria e inventiva. Un buen coplero, según se estima, debe saber, por lo menos, alrededor de mil coplas y también acomodarlas a las situaciones que se presenten durante su canto. La letra de La Chilena que hemos adoptado en Baja California Sur se canta generalmente en primera persona, y es un canto masculino aun cuando lo interprete una mujer. Los textos se refieren con frecuencia a los "hombres bravos", a "los que saben cómo se mata". Son textos donde abunda la picardía, una picardía fresca y humorística que sin embargo refleja un ambiente de cantina, de parranda y de violencia, que era parte de la vida cotidiana en la California de la fiebre del oro. La Chilena como todo el Son mexicano es una forma donde se alternan versos con estribillos. El estribillo puede ser un verso o una frase fijos, o bien una repetición de frases del verso anterior o del posterior. Frecuentemente se utilizan en exclamaciones como "ayrayray" o "tyrananay" o "tipitipiti". En ocasiones el estribillo es solo interpretado por los instrumentos. Porque tiene una introducción instrumental que, a veces, alterna con los versos y estribillos y con frecuencia es simplemente la música de un verso interpretada por un violín o una guitarra requinteada. Esta parte también sirve de descanso a los cantantes. Cuando se cantan las coplas, los instrumentos que llevan la melodía en los intermedios permanecen callados o asumen un papel de simple acompañamiento, como ocurre también en la mayoría de los sones. La chilena se caracteriza porque termina con uno o más versos de despedida de este baile y música interpretada por el violín, una jarana chica de cinco órdenes (casi siempre de cinco cuerdas, aunque puede ser de ocho o diez), y un arpa, que constituyen sus cuerdas tradicionales. Frecuentemente, por ejemplo en las bodas, cuando los padrinos peinan el cabello de la novia, la Chilena se interpreta sólo con un violín acompañado del tamboreo de un cajón. El uso del tamboreo en la música y del pañuelo en la danza son, probablemente, los únicos elementos andinos que sobreviven en la Chilena mexicana y que la distinguen del Son. Por supuesto que hay la Chilena que se baila con orquesta, que consta de clarinetes, saxofones, trombones, contrabajo y batería (tambora, tambor de tipo militar y platillos). Los instrumentos, sobre todo en pequeñas y aisladas localidades, son propiedad del municipio; en cambio en pueblos mayores o de mejor condición económica, suelen pertenecer a particulares. Los instrumentos de propiedad colectiva son con frecuencia de adquisición antigua, de mediados del siglo XIX, y de fabricación francesa. Cuando la Chilena se interpreta con orquesta invariablemente la sigue un Son. El tema mas frecuente de la copla de La Chilena es como en el Son: el amor y las mujeres a las que canta con naturalidad, franqueza y humor. En ocasiones las letras tienen la particularidad de describir las bellezas naturales de la costa o del pueblo natal, como en la música folklórica de Chile".
   El fin de la tierra está aquí al final del corredor turístico de Los Cabos, donde se encuentra esta joya de Baja: la Ciudad de Cabo San Lucas. Aquí es donde termina la península, en una punta de piedra que se va estrechando hacia el sur hasta que la última roca desaparece debajo del agua. Antiguamente un puerto de abastecimiento de galeones españoles, es hoy un destino ideal. Como la capital no oficial de Baja, tiene una gran concentración de tiendas y restaurantes, todos a una distancia corta, con precios altos, que ofrecen cocina mexicana, italiana, internacional, otros con precios accesibles que ofrecen toda clase de mariscos y pescados, pizzas, tortas y tacos exquisitos, como los de camarón y flor de calabaza de la Taquería San Lucas. Otros son El Delfín, Patty's, El Dorado, Balandra y Faro Viejo. Cuando la noche llega la vida nocturna es variada, hay clubs y discotecas a las que asiste todo el mundo. Los hoteles ofrecen Noches de Fiestas Mexicanas con buffet. Los lugares más económicos pueden localizarse fuera de la playa, especialmente en caminos no pavimentados a unas cuantas cuadras del centro. Sus habitantes son gente pacífica y muy corteses. Siempre un guía voluntario ayudará al visitante, que de tanto por ver cualquier tiempo aquí es poco.
La característica postal principal de Cabo San Lucas es El Arco, su famosa escultura natural de pura roca con un orificio que le da su forma arqueada: semeja una puerta abierta al único punto que ve salir y entrar el sol en dos mares distintos, el de Cortés y el Pacífico. Al Arco y el peñón que lo protege se puede acceder por medio de lanchas de fondo de cristal, que salen de diferentes puntos de esta bahía de arena muy fina y espectaculares arrecifes donde el buceo, la pesca y las carreras de yates son todo el año. Entre un conjunto de rocas, se encuentran las pequeñas y tranquilas playas Médano, Hacienda y la Playa del Amor, cuya hermosura con espectaculares cascadas de arena y arrecifes de coral, seduce de inmediato; son ideales para nadar y el buceo. Sólo basta con un visor y una sumergida, para poder observar múltiples especies de peces de colores. Desde estas suaves arenas blancas se puede contemplar, por un lado, el tranquilo, suave oleaje del mar de Cortés y, por el otro, las aguas bravas del Pacífico, imponente, cuyas riberas visitamos entre Punta San Cristóbal y Todos Santos, donde hay playas vírgenes en todo esplendor, con una particularidad especial: son refugio de miles de tortugas que las buscan para procrear.
   Las tortugas marinas son reptiles de hábitos migratorios, periódicamente recorren grandes distancias desde sus zonas de alimentación hasta las de reproducción en aguas tropicales y templadas del mundo, entre ellas sus favoritas parecen ser el Océano Pacífico entre México y Chile, siendo la zona de Galápagos frente a Ecuador, su hábitat más importante. En toda California las tortugas han sido consumidas desde la Antigüedad, y en los últimos años han adquirido gran importancia comercial ya que sus pieles vinieron a sustituir a las de los cocodrilos africanos, brasileños y mexicanos que tuvieron gran demanda por el desarrollo que alcanzó la técnica para curtirlas. Como casi se han extinguido, en su lugar se ha utilizado la piel de la tortuga llamada "caguama", la más común aquí en la península, que hasta hace pocos años sólo era sacrificada eventualmente para comerla, que quien escribe, confesé, me pareció muy sabrosa y reconfortante, pero se inició su captura a gran escala para utilizar su piel, lo que tiene en peligro de extinción a la especie. La doctora Luisa Verdugo, que es bióloga marina, se ha levantado como una tenaz defensora de una regulación estricta para la pesca de tortugas; ella ha trabajado en programas de preservación de la tortuga marina en puntos álgidos que elige para su hábitat, además de las costas de Baja California Sur, en el Golfo de México y en Rancho Nuevo, Tamaulipas, que es su única zona donde anidan en el planeta, siendo la región especialmente sensible. Le pregunto costumbres y singularidades de las tortugas, cómo es que conocen sus características de migración, por ejemplo, y nos dice: "Para conocer las migraciones, hemos diseñado diferentes métodos; uno de los más comunes es que en cuanto llegan a las playas a anidar se marca el caparazón para que cuando sean capturadas se puedan determinar las distancias recorridas; otro sistema es rastrearlas colocándoles un transmisor que envía señales a un aparato receptor localizado en un avión con una antena especial para hacer contacto con el animal, así como un navegador electrónico para situarse en el océano. El sexo de las tortugas se determina por la temperatura de los huevos: de los colocados en las más bajas se desarrollan machos y los que están en mayor temperatura producen hembras. En los nidos la proporción entre ambos sexos depende de las características de la playa donde se encuentran, así como de la profundidad del nido. El nacimiento depende también de los depredadores".
   Nos dice que el número y el tipo de sus depredadores varían según la etapa del desarrollo de la tortuga; así, para los huevos el principal depredador es el hombre, además del perro, los cerdos y las "moscas de ojos anaranjados" (Sarcophagidae), que invaden los nidos causando serios daños. Las crías son capturadas por perros, zopilotes y cangrejos. Ya en agua del mar, los enemigos van desde las aves marinas hasta los diferentes peces carnívoros, incluyendo a los tiburones, quienes las atacan aún en estado adulto. Cuando se realizan programas para su conservación se debe además de considerar las características anteriores, evitar la presencia de demasiada gente en la playa pues, al percibirla, las tortugas no llegan. La explotación en gran escala de las tortugas ha obligado a países como México, una de sus cunas, a decretar medidas para la conservación de este recurso, haciendo que su captura se lleve a cabo de una manera racional para que su aprovechamiento sea óptimo con el fin de crear nuevas fuentes de trabajo y mejorar la dieta alimenticia del hombre; al mismo tiempo, se protegen su reproducción y desarrollo, cuidando sus nidos, sus huevos y sus crías. La reproducción la realizan durante los meses de abril y mayo, apareándose en las zonas que han elegido, después se separan durante el verano y las hembras se dirigen a playas húmedas de lluvia con las condiciones ideales para excavar los nidos. Estos arribos se efectúan de mayo a noviembre, dependiendo de la especie de tortuga. En la primera etapa de su vida, estos verdaderos fósiles vivos dependen de estas playas solitarias, donde las hembras forman hoyos en la arena, y en menos de media hora, depositan alrededor de 100 huevos acompañados de un líquido llamado "babosa" que enseguida recubren nuevamente con la misma arena. Los nidos los hacen a una distancia del agua que varía según la especie, de modo que, en estas condiciones, los huevos dejados para su incubación cuenten con la humedad suficiente y una temperatura de 33̊ C; después de permanecer así durante cerca de dos meses, al atardecer o amanecer nacen simultáneamente casi todas las crías, las cuales sin pérdida de tiempo se dirigen al mar e inmediatamente desaparecen entre las olas; no se vuelve a saber nada de ellas hasta que después de 7 o 9 años, regresan al mismo lugar donde nacieron a cumplir de esta manera su ciclo reproductor. Los nuevos individuos se dirigen a las zonas de alimentación e inician su crecimiento. Los machos regresan cada año a las zonas de reproducción, mientras que las hembras, dependiendo de la especie, sólo se reproducen una vez cada tres o cuatro años. El mecanismo que guía a las tortugas para que puedan regresar a las playas donde nacieron, todavía es un misterio; algunos creen que se orientan por el olfato; otros, que lo hacen por mecanismos acústicos o por retención, a largo plazo, del paisaje; se habla también de una orientación magnética y existen estudios sobre combinaciones de estos factores".
   No hemos venido en plena época de tortugas, sin embargo, hay cientos de ellas, entre las rocas, nadando, en la arena, algunas enormes. Esta tortuga llamada popularmente "cahuama", "prieta" o "mestiza" (Chelonia mydas agassizi), puede medir su caparazón 1.40 metros y llega a pesar de 130 a 180 kilos. Nos dice la doctora Verdugo que "son de hábitos predominantemente carnívoros. Su dieta se compone de caracoles, mariscos, esponjas, medusas, crustáceos, peces y langosta roja. Su fuerte mandíbula le permite triturar las conchas duras de los mariscos. También vive aquí la tortuga "carey", cuya caparazón no llega a medir más de 90 centímetros, pero por su belleza es muy codiciada por el hombre. Y llega también la tortuga "laúd", "galápago", "siete filos" o "tortuga de cuero" (Dermochelys coriacea schlegelii), que es uno de los reptiles más voluminosos que existen en la actualidad ya que llega a medir 2.20 metros de longitud con un peso de media tonelada; en la cabeza lleva un pico con tres puntas, con el que atrapa peces y moluscos; su caparazón tiene forma de lira y en sus nidos llega a depositar hasta 300 huevos".
   Hemos conversado con un pescador de tortugas, don Felizardo Soto Castro, que es vecino de Todos Santos y ha vivido de los productos del mar, trabajando su pequeña embarcación, como sus mayores. Dice: "Nosotros tenemos la técnica de la pesca de tortugas especialmente diseñada para preservar la especie. Somos los menos interesados en que se desaparezcan, muy al contrario, es una de nuestras principales fuentes de alimentación, sin embargo respetamos estrictamente las épocas de veda y cantidades de extracción. Su captura se efectúa principalmente con redes, que se diseñan con ligeras modificaciones según el área de captura. Se usan principalmente en el Mar Caribe, el Golfo de California, aquí y, últimamente, en Jalisco y Michoacán, según he visto cuando fui. Aquí son de tamaño variable, generalmente de longitud mayor a 50 metros, malla muy abierta de 70 a 90 centímetros entre los nudos y línea de flotación con boyas separadas aproximadamente cada 2 metros; el calado de la red depende de la profundidad del lugar donde se trabaje y varía de 4 a 12 metros. La línea inferior lleva piedras o plomos pequeños, de manera que la tortuga levante la red cuando quede atrapada y alcance fácilmente la superficie para respirar; así no muere por asfixia. Estas redes pueden ser de algodón o nylon y su colocación depende generalmente de las características de la región: pueden situarse paralelas a la costa cuando ésta es llana y amplia, o perpendiculares a ella cuando se escoge un sitio protegido, como pequeñas ensenadas o puntas sin corrientes, comúnmente se calan al atardecer y se revisan cada mañana para evitar que los depredadores, principalmente los tiburones, las ataquen ya que no sólo matan a la tortuga sino que destrozan grandes tramos de la red. La ventaja de capturar las tortugas por medio de redes es que se puede liberar a las hembras, sobre todo en época de desove y así colaborar a la protección de las especies. El arpón que utilizamos como auxiliar para izar a bordo los ejemplares capturados con la red, es el llamado "arpón compuesto" que presenta su punta provista de un tope protector, que tiene por objeto evitar que la punta se introduzca en la caparazón y lesione la piel. Ambos arpones llevan cordeles que facilitan su recuperación. La captura artesanal se realiza antes del medio día, cuando las tortugas se encuentran nadando en la superficie, lo cual las hace muy visibles, sobre todo si el mar está tranquilo. Aquí la pesca a nado está muy desarrollada ya que el agua es tan clara y transparente que permite mayor visibilidad. Las localizamos y perseguimos con lancha hasta alcanzarla, entonces el pescador se lanza al agua, la atrapa y la dirige a la embarcación, proceso al que se llama "correteada"; ya a bordo, las tortugas son atadas, sobre todo las "caguamas", debido a su agresividad y al movimiento de sus aletas que suelen golpear fuertemente. En tierra se capturan manualmente, aprovechando su lentitud cuando llegan a las playas, se voltean y amarran. También de manera indirecta, las tortugas son atrapadas durante los arrastres camaroneros, siendo importante en algunas regiones la captura por este medio, sobre todo durante la temporada de arribazones. Nosotros creemos que los verdaderos depredadores de las tortugas son las autoridades que obligan a los científicos a trabajar con medio mínimos, especialmente en las zonas protegidas, siendo necesario dejar amplias zonas expuestas a los depredadores. Nunca se ha hablado en los programas de impedir la pesca del recurso, porque es muy importante para la población en algunas zonas de nuestro país, donde se utiliza como alimentación y fuente de entradas de poblados completos. Creemos que una protección racional de la tortuga es necesaria, pero con leyes que nos protejan, porque trabajamos casi en la clandestinidad, los pescadores artesanales mexicanos no podemos competir con los barcos faenadores que llegan desde Japón y en horas capturan toneladas de tortugas sin ninguna discriminación, donde mueren miles de hembras preñadas".
   Según datos de la FAO, la captura total de este último año fue de 5.012 toneladas, sin embargo, se piensa que es mayor porque, además de la pesca ilegal, mucha es para consumo doméstico y no se registra. Nos dice doña Juana Angélica Soto, pescadora artesanal, que el aprovechamiento de las tortugas requiere condiciones desde la captura en la playa: "donde al llegar se voltean con el pecho hacia arriba; después son llevadas hasta la planta donde se colocan en el tanque de recepción, exceptuando a los animales maltratados, que son sacrificados de inmediato. En este tanque permanecen el tiempo preciso para ser sacrificadas; el agua se les cambia cada 24 horas para que se conserven en buen estado. Ya muerta la tortuga, se la destaza para retirar la piel del pecho, utilizando para ello un cuchillo diseñado especialmente para seguir su contorno; se desprende también la cabeza y parte del caparazón, al igual que la cola y la parte trasera. El paso siguiente es el despielado: las pieles frescas, lavadas y desangradas, se ponen en sal, listas para ser empacadas y empleadas posteriormente en la fabricación de zapatos, carteras, cinturones... Retirada la piel, se trata de aprovechar al máximo la carne; esta maniobra demanda pericia, se le quita grasa y cutícula de los músculos; la carne se limpia y filetea para su venta congelada. Aparte de la piel y la carne, quedan las aletas, que son utilizadas en la elaboración de sopas".
   Nos dice la doctora Laura Verdugo que "el aceite de tortuga tiene gran demanda, se extrae de todas las especies y la única diferencia en calidad y en cantidad depende del peso de la tortuga, la época del año y el sexo. Por lo general, se acumula mayor cantidad de grasa antes de la temporada de reproducción y más en las hembras que en los machos; una tortuga de 40 kilos de peso puede producir hasta cuatro litros de aceite. El valor comercial de este aceite es muy alto, se le utiliza en la industria químico-farmacéutica y en la elaboración de cosméticos. La concha de la tortuga "carey" es material muy apreciado para la fabricación de artículos de ornamento de valor comercial, lo que origina una extraordinaria demanda. Esta artesanía ha experimentado variaciones debido a plásticos que la imitan sin alcanzar la belleza natural; no obstante, ello ha permitido que disminuya la persecución de estas tortugas. En México las tortugas marinas son un recurso renovable de gran importancia económica, ya que es uno de los países con mayor producción de pieles y de productos derivados. Este recurso está reservado, exclusivamente, a las sociedades cooperativas de producción pesquera, no hay legislación para los pescadores artesanales, lo que registra un gran vacío porque impide utilizar mejor esta pesquería aprovechando de manera integral al individuo, es decir, su carne, sus huesos, su concha, etcétera y no sólo la piel, que en muchos casos, los pescadores artesanales es lo único que buscan. Está totalmente prohibida la explotación del huevo. Desde el año de 1964 y gracias a la actividad y entusiasmo de los biólogos mexicanos Humberto Chávez, Rodolfo Montoya y René Márquez, nuestro país estableció en varios puntos de sus litorales, campamentos para el estudio y conservación de las tortugas marinas; en ellas sus técnicas han alcanzado uno de los más altos niveles académicos del mundo y se ha logrado reunir los máximos conocimientos y experiencias para la incubación de los huevos de estos reptiles, hasta el grado de tener éxito con los huevos de vientre. Con recursos muy limitados, en estos campamentos se protegen de uno a dos millones anuales de crías y con toda la campaña se estima que se protegen otros 4 millones. También en estos campamentos se capacita a los pescadores y a sus familias para colaborar en la protección del recurso. Con la experiencia pionera de estos biólogos se han establecido estaciones en donde trabajamos profesionales y técnicos de diferentes instituciones, como el Instituto Nacional de Pesca, la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad de Sinaloa, la Universidad de Guadalajara, la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, y la Universidad Autónoma de Baja California, entre otras, que realizan actividades de protección, incubación, cría e investigación. Los resultados de estos programas de conservación no sólo se pueden medir con el número de crías liberadas cada año, que llega a ser de varios millones, sino que se ha observado la recuperación de las poblaciones de tortugas y la preparación de un nutrido número de técnicos mexicanos que son reconocidos en el país y en el extranjero. Debemos decir que pese a la alta depredación que sufren en condiciones naturales y a su vulnerabilidad en las fases de huevos y crías, las tortugas marinas no llegan a correr riesgo de una completa extinción debido a su gran fecundidad. La depredación natural mantiene un equilibrio de las poblaciones, pero la explotación irracional hecha por el hombre sí puede poner en peligro la sobrevivencia de las especies. No obstante, gracias a los trabajos de protección derivados del establecimiento de una pesquería racional, han aumentado en pocos años las poblaciones de tortugas para seguridad de la especie, beneficio de los hombres y tranquilidad de los conservacionistas".
   En Baja, la pesca es el deporte más recurrido. Con uno de los terrenos pesqueros más fértiles y gran énfasis en el Programa Atrapa y Libera (Catch and Release), Los Cabos atrae la mayor cantidad de pescadores. Es el hogar de la flota pesquera más grande del mundo: donde inician los torneos internacionales de la pesca del marlín y pez espada y otros eventos de este deporte; un lugar obligado de parada para todos los cruceros, y el sitio de marinas excelentes. Se ofrecen facilidades para los deportes acuáticos y excursiones y está por convertirse en un destino importante también para el golf con campos que cuentan con vista al Mar de Cortés, diseñados por Jack Nicklaus, Robert Trent Jones, y otros en construcción. La zona es magnífica. Desde el Faro de San Lucas, al atardecer hay una visión transparente de las cosas, los arrecifes que se ven bajo las aguas y los poblados a orillas de los acantilados se ven envueltos en colores que van del amarillo al dorado y al rojo intenso; el cielo no tiene arreboles, son una pincelada de color que va cubriendo todo hasta estacionarse en el dorado al caer la tarde. De noche el cielo se hace muy negro, como una pizarra sobre la que se lee la escritura de las estrellas, con el canto de amor de las ballenas azules de música de fondo.

(c) Waldemar Verdugo Fuentes.